Nº2 / Octubre 2004

 

Testimonio

Felicidades María Gladys

 

Entre el 8 de julio y el 28 de agosto de 2003 transcurrió el rodaje de Whisky. Empezamos por las fachadas de la fábrica de medias de Jacobo Köller, el bar donde habitualmente él desayunaba y el estudio de fotos donde él y Marta (sin hache, Acuña, sin hache) se sacan la foto al son de «¡Whisky!». Durante la primera semana se filmaron todas las mañanas de la ficción: la espera de Marta recostada contra la cortina de hierro escuchando –presumiblemente– a Leonardo Favio, la llegada de Jacobo, el saludo escueto, el ingreso a la fábrica. Descansamos un día. La segunda semana seguimos por el interior: el encendido de las máquinas (el tubo lux siempre zumbando), el cambio de vestuario de Marta (que salía del baño con la túnica azul), la llegada de las dos operarias, los moldes con forma de pie puestos en hilera, el té religioso de Jacobo, la cortina rota que Jacobo intenta arreglar, la propuesta incierta de Jacobo a Marta, las sugerencias ignoradas de Marta a Jacobo, el texto de la carta que Jacobo manda por fax al hermano, Herman Köller. Descansamos un día. Luego vino la semana del apartamento: el caos se revierte cuando llega Marta y los rastros de enfermedad de la difunta madre de los Köller se camufla entre las habitaciones, la pelusa desaparece, los platitos vuelven a su lugar en la pared, la foto de la pareja flamante se enmarca en un portarretratos barato que no se pierde entre otras fotos de familia, el tanque de oxígeno es un signo de venganza en el hermano ausente durante el final agónico de la madre. Descansamos antes de salir al mundo exterior: cementerio, cancha, cine, la calle Colón, el negocio de Grunberg (donde todo se encuentra más barato) el aeropuerto/puerta de embarque, el aeropuerto/partidas, las calles variadas, la casa de cambio, el bar donde Jacobo come un chivito, la confitería donde Herman elige masitas mientras Marta contempla los dulces en exposición y escucha la cháchara, mientras Jacobo contempla la torta giratoria en exposición que dice: «Felicidades María Gladys» (dato que podría reservarse para alguna transmisión extraordinaria de Martini Pregunta como una de las preguntas más difíciles sobre la película uruguaya Whisky de los directores Rebella/Stoll; la pregunta se formularía así: «En la segunda noche de la estadía de Herman en Montevideo, los tres protagonistas acuden a una confitería a comprar masitas; mientras Herman conversa con Marta en el interior, Jacobo se distrae mirando un pastel de cumpleaños, ¿qué decía la leyenda escrita con pasta de azúcar?»; los lectores de esta publicación cuentan con ventaja pues esa leyenda no llega a leerse en el plano de la película). Antes de partir a Piriápolis, donde se rodó el último tramo de la película, se filma la escena en el restorán (Herman invita al hermano y a su cuñada a compartir unos días juntos en el hermoso balneario de Piriápolis). Es una noche helada en Montevideo y son las 5 de la mañana aproximadamente cuando terminamos y dejamos (junto a un grupo numeroso de pacientes extras) el Yacht Club, en cuyo salón principal se ha montado el restorán.

 

 

 

Un detalle curioso: buscábamos a un Jacobo algo gordo, posiblemente calvo, con la respiración sonora de las personas con sobrepeso. Andrés Pazos le dio a Jacobo otra anatomía y esa nueva anatomía fue perfecta para el Jacobo que compuso.

 

 

Luego de filmar en la ruta (el trayecto de los tres, la travesura de Marta con el chocolate) llegamos a Piriápolis. Estaba vacío. En las galerías comerciales esporádicas el viento hacía remolinos. Recorríamos de lado a lado los pasillos amplios y silenciosos del Argentino Hotel. La luz era fría y azulada. En la pista de patinaje se colgó el cartel que decía «Prohibido levantar a los caídos». El hotel fue nuestra «locación» (en la jerga de la producción audiovisual esta palabra refiere al lugar de rodaje: el restorán era una locación, la casa de cambio era una locación, la fachada de la fábrica era una locación) principal y donde transcurrimos más tiempo en el balneario. Había varias escenas de dormitorio (que esto no se confunda con «escenas de alcoba»), baños, ascensores y paseos para filmar, además del juego de tejo, las escenas en el casino (Herman en los slots, Jacobo en la ruleta), la piscina y la playa (cuando se descubre la capacidad extraña de Marta de reproducir las palabras al revés, mientras Jacobo intenta que una garra mecánica elija una cámara de fotos de bolsillo).

 

 

Es una noche helada en Montevideo y son las 5 de la mañana aproximadamente cuando terminamos y dejamos (junto a un grupo numeroso de pacientes extras) el Yacht Club, en cuyo salón principal se ha montado el restorán.

 

 

 

Desde adentro de whisky

Durante el rodaje de Whisky trabajé como segunda asistente de dirección. No tenía experiencia en el asunto, pero tenía muchas ganas de trabajar ahí (algo que se suele decir en señal de auto-defensa cuando no se conoce mucho un oficio pero se quiere explicar cuánta voluntad le sobra a uno para aprender los rudimentos). Me había encantado el guión, que había leído unos dos años antes. Soy amiga de los directores y había conocido las diferentes versiones que habían escrito junto a Gonzalo Delgado, también director de arte del filme. Había trabajado junto a Romina Peluffo en el casting, en un proceso de entrevistas con actores que había durado cerca de seis meses. Mirella Pascual fue Marta desde la segunda entrevista. Era claro. Le dio cuerpo y le dio luz al personaje (no hizo del personaje algo luminoso, el personaje no era luminoso, pero el personaje tomó vida con su interpretación, tenía espesura). Luego llegaron los hermanos Köller, interpretados por Andrés Pazos (Jacobo) y Jorge Bolani (Herman). Un detalle curioso: buscábamos a un Jacobo algo gordo, posiblemente calvo, con la respiración sonora de las personas con sobrepeso. Andrés Pazos le dio a Jacobo otra anatomía y esa nueva anatomía fue perfecta para el Jacobo que compuso.


Como segunda asistente de dirección mi trabajo consistía en hacerme responsable de los actores: revisar el plan de rodaje coordinado por el primer asistente de dirección (Manolo Nieto Zas) y  atender en qué fechas son necesarios qué actores, citarlos, combinar las pruebas de vestuario y de peinado, y una vez en el rodaje encargarme cada día de que estuvieran debidamente vestidos y peinados a la hora estipulada. También coordiné las escenas donde eran necesarios los extras (en el restorán, en el ómnibus, en la cancha, en el aeropuerto/puerta de embarque y en el aeropuerto/partidas, en el casino, etcétera). En eso consistía, básicamente, mi tarea. Entretanto, el primer asistente de dirección es una especie de capataz durante el rodaje. Se encarga de controlar los tiempos, que los planos se hagan en los tiempos establecidos. Los directores están principalmente trabajando con los actores y viendo el encuadre con el director de fotografía. El resto de todo lo que ocurre en el rodaje (y ocurren muchas cosas, aunque los tiempos a veces parezcan muertos y haya que armarse de mucha, mucha paciencia) es controlado en gran medida por el asistente de dirección, que trabaja muy cerca del jefe de producción (Diego Fernández). Fue un placer trabajar en esa película, con ese equipo. Algo feliz. 

 

Inés Bortagaray

 

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