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Encuentros de Futuro Imperfecto

Episodio 1

A la Izquierda del Tren Fantasma

 

Futuro Imperfecto Encuentros / Episodio 1

 

La generación 83 se parece en algo a una red neuronal

Pepe Serrentino

 

Circuito Abierto

Marcelo Pereira

 

 

Palabras Iniciales

 

Edgardo Rubianes

 

 

Exposiciones

 

José Bayardi

 

Eduardo Blasina

 

Fernando Lorenzo

 

Hoenir Sarthou

 

Daniel Martínez

Introducción

 

Encuentros de Futuro Imperfecto

 

Diálogos sin fronteras

 

En el 2003 nos preguntábamos por qué habíamos quedado, como generación 83, fuera de los principales ámbitos institucionales de acción y construcción. Dos años después, cuando el nuevo gobierno asumió, un torrente de cuarentones -presuntamente olvidados- de pronto eran designados a diversos cargos. Varios miembros de la generación 83 aceptaron el desafío de ejercer -casi sin experiencia previa- como subsecretarios o directores en ministerios, presidentes o directores de entes, y otros cargos relevantes.

Ocho meses después, como una muestra de que la generación iba más allá de un encuentro casual, y más allá del ejercicio de la nostalgia, “gobernantes y gobernados” se reunieron a conversar, a intercambiar ideas, a cuestionar, a proponer. Y también a divertirse, comer un buen asado y devorarse varias damajuanas de vino. Se trató del "Episodio 1" de "Futuro Imperfecto Encuentros". Los gobernantes dejaron tranquilos a los gobernados: a ninguno se le había subido el poder a la cabeza. Los gobernados dejaron tranquilos a los gobernantes: no los abandonarían en la soledad del poder. El diálogo no se había detenido y había superado una nueva frontera, una de las más díficiles: la frontera entre quienes ocupan posiciones de poder en el gobierno y quienes no.

El encuentro comenzó con una exposición de 10 minutos, por parte de cinco miembros de la generación, cuyo tema eran estos primeros meses de gobierno. Tres eran gobernantes, dos eran gobernados: Pepe Bayardi, Fernando Lorenzo, Daniel Martínez, Hoenir Sarthou y Eduardo Blasina.

Además de las transcripciones de las exposiciones y de la presentación del Encuentro, en el informe que Futuro Imperfecto Revista presenta en esta edición, se incluye un texto de Pepe Serrentino y otro de Marcelo Pereira. Pepe fue uno de los organizadores, y explica el porqué del Encuentro, y el plan a futuro. Marcelo, periodista de larga trayectoria, ofrece una mirada a la distancia, y un análisis de la importancia de estas reuniones.

 

 

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La generación 83 se parece en algo a una red neuronal

 

 

Divertida comparación. ¿Cuáles serían sus características? Que cada uno de sus nodos está conectado con varios de los otros. Que cada uno es a su vez emisor y receptor. Que cada uno recibe y transmite excitaciones diversas. Que cada uno tiene su especialización pero participa o asiste a las especializaciones de los otros. Y lo más importante: que la red "sabe" más que la suma de sus nodos. Y que la red "aprende".

 

Después de que la red se re-constituyera utilizando mediación electrónica en el 2003, se propuso un conjunto de desafíos y tuvo éxito. Se hizo la semana 2003. Con éxito. Una zona de la red se propuso el homenaje a Seregni en 2004. Con éxito. Luego nació Futuro Imperfecto Revista.

 

Pero de octubre 2004 a junio 2005 ocurrió un terremoto esperado en la aldea. La izquierda alcanzó el Poder Ejecutivo y ocho gobiernos departamentales. Buena parte del entusiasmo re-constitutivo de la generación se había alimentado de las expectativas y temores del terremoto que se venía. Una cuestión que estaba por verse era qué consecuencias iba a tener el terremoto sobre la red. El acceso progresista al poder, ¿era el final de la experiencia reconstitutiva? ¿O Semana83 tenía una vocación que trascendía ese momento histórico? ¿Punto final o punto de inflexión?

 

Futuro Imperfecto Encuentros fue la forma de hacernos y respondernos esa pregunta. Cuando nos propusimos el desafío lo definimos de esta manera:

 

·          generar un espacio de discusión y reflexión propio de los g83 con responsabilidades de gobierno;

·          generar un espacio de discusión y reflexión entre los g83 con responsabilidades de gobierno y los g83 que no tenemos responsabilidades de gobierno;

·          fortalecer la red horizontal de comunicación y colaboración generacional en roles de gobierno;

·          crear un espacio de prospectiva generacional.

 

 

En la red teníamos tres subconjuntos que fuimos denominando cromáticamente.

 

Los azules. Los que habiendo participado más o menos activamente de la reconstitución del 2003 se encontraban en cargos de gobierno nacionales o departamentales y con baja o nula interacción en el foro electrónico.

 

Los verdes. Los que participaban activamente en el foro electrónico sin tener responsabilidades en el nuevo gobierno.

 

Los turquesas. La intersección de verdes y azules eran varios miembros activos en el foro con tareas de consultoría/asesoría puntuales o permanentes en el gobierno, pero sin cargos de responsabilidad ejecutiva.

 

Estaba claro desde un principio el interés de los verdes en tener oportunidades de interactuar, discutir y pensar colectivamente con los azules. La cuestión clave era si los azules tenían la recíproca necesidad de hacerlo en un ámbito generacional, no oficial, no partidario, y obviamente no resolutivo.

 

La preparación de Episodio 1 llevó varios meses, durante los cuales nos entrevistamos individualmente con muchos azules y turquesas para pedirles feed-back sobre la iniciativa. En general obtuvimos buena disposición, pero a su vez algunos temores. Eso nos hizo formular y reformular muchas veces las características de la actividad que estábamos planificando.

 

Llegó un momento en que, sin haber despejado todas las dudas, entendimos que la clave era generar el Episodio 1. El Episodio 1 no tenía en sí mismo el objetivo de discutir una problemática particular, sino de empezar, de sentar el precedente, de medir la convocatoria, de generar confianza.

 

Los dos eventos del Quincho del Franzini de diciembre 2005 cumplieron ese objetivo de lanzamiento con éxito. Nos demostramos que existe el espacio, que es valioso, que es viable.

 

En el 2006 habrá varios Encuentros, probablemente centrados en temáticas específicas. Probablemente alternemos encuentros pequeños y muy específicos con otros más grandes con características de "jornadas multitemáticas".

 

Los guiones de los próximos Episodios están por escribirse.

 

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Circuito Abierto

 

En los últimos doce meses se ha discutido bastante acerca de la política de comunicación del gobierno con la sociedad, y mucho menos sobre las estrategias en dirección inversa, desde lo social hacia las autoridades.

 

Pero éstas pueden ser las más interesantes para establecer un intercambio fecundo, en la medida en que inventemos alternativas a la gama tradicional de recursos que va del comunicado al lobby. Desde la generación 83 se tomó la iniciativa de crear un ámbito para que nuestros compañeros con responsabilidades gubernamentales pudieran escuchar y ser escuchados, con beneficio para ambas partes. Fue una contribución, entre muchas necesarias, a la tarea de intervenir sobre los circuitos cerrados en el gobierno y fuera de él. En el interior de cualquier institución, es fácil convencerse de que todo se hace del mejor modo posible y de que las críticas son producto de la ignorancia, el error o incluso la mala intención. Desde fuera se corren riesgos relacionados con el apresuramiento, la desinformación y los prejuicios. Quien asume una tarea difícil siente a menudo que es ilegítimo criticar desde la comodidad del llano. Al otro lado del mostrador, es frecuente la percepción de que quienes ocupan cargos se acomodaron y actúan con soberbia. Esos riesgos afectan la calidad de la convivencia democrática, cortan puentes y menguan el potencial de construcción colectiva desde la diversidad. Todos, desde el gobierno y fuera de él, necesitamos comprender cómo se ven las cosas desde otros lugares, y sería un desperdicio no aprovechar, para ello, las redes de confianza y la familiaridad que nos vinculan desde los tiempos de la dictadura. Desde entonces hemos realizado aprendizajes distintos, y es buena hora para que intentemos, en la modesta escala de nuestras posibilidades, poner en contacto experiencias y saberes. Crear modos de que se complementen y se potencien, ordenar nuestros disensos y recrear nuestra identidad colectiva. Hallar un común denominador útil para cada uno de nosotros, para ese "nosotros" como tal y, más allá, para el conjunto de la sociedad.

 

Casualmente, se trata de una tarea  bastante similar a la que nos convocó en 1983.

 

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Palabras Iniciales / Edgardo Rubianes

 

Esta es una instancia cerrada que nos dimos los compañeros de la generación 83 y sólo en caso de que lo acordemos con los participantes, lo haremos público. Realizamos esto para ir instaurando un ámbito de intercambio entre todos nosotros, y lo vemos como punto de partida y no lo vemos como dinámica natural. Hace 25 años hablábamos muy cerca de aquí rompiendo un silencio obligado; hace dos años recuperamos la palabra y la memoria también colectivamente con todos los matices que nos componen. Hoy tenemos una nueva realidad política que de alguna manera proyecta, dos decenios después, muchos de aquellos ideales comunes. Sin embargo, para lograr un intercambio abierto entre nosotros debemos generar estos ámbitos protegidos; parecería que la realidad gubernamental trazara una línea divisoria entre nosotros. No creo que la necesitemos ni la queramos.

Con distintas tareas, con distintas responsabilidades, "a la izquierda del tren fantasma" estamos todos. Intercambiemos, socialicemos experiencias y visiones. Tenemos una matriz común, generemos una nueva forma de actuar socialmente, cumplamos con el desafío nada menor que Seregni nos trasladó en su último discurso en el Paraninfo. En función de estas ideas, nos hemos planteado esta instancia.

Invitamos a compañeros que tienen responsabilidades gubernamentales y compañeros que no las tienen pero son activos –como todos los integrantes de este nucleamiento de generación 83- para generar esas voces de distintos lados y contribuir a generar esta instancia y pensamos que este es un punto de partida que a lo largo del 2006 puede tener otro tipo de desarrollo.

 

 

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Palabras Iniciales / Pepe Serrentino

 

Sólo quiero decir que hay muchos compañeros que no nos acompañan en este momento porque no están en el país o porque están trabajando en distintas cosas, y que nos hubieran querido acompañar y se comunicaron con nosotros. Ellos son: Nelson Villarreal, Benjamín Liberoff, Roberto Elissalde, Marcelo Pereira, Pablo Chilibroste, Juan Faroppa, Di Giovanni, Mario Bergara y el “Culto” Carámbula. Quiero decir algo breve: Marcelo se disculpaba por no poder estar hoy y decía una reflexión: que hay cierto riesgo de que, de alguna manera, nuestra relación con el gobierno, como la de un matrimonio, quede en cosas afectivas y perdamos las referencias racionales. Chabela contestaba al revés, su temor de que tengamos una relación basada en cosas racionales y faltara lo afectivo. Un rato después, Ruben Martínez dijo una cosa que me parecía interesante y era que tuviéramos suerte con la reunión y que hay una parte del cariño que tiene que ver con el roce; a mí me parece interesante con referencia lo que queremos hacer: hay una parte que es la necesidad de diálogo, de conversar, con roce, y así se construye cariño también.

Les pedimos que hagan una intervención breve de 10 minutos a Daniel, a Fernando, al Pepe y a Eduardo planteando una reflexión desde la perspectiva de ellos tanto desde el gobierno como representando de alguna manera a la lista g83 de lo que es este momento y de lo que es el futuro imperfecto.


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Exposición 1

José Bayardi

 

La generación 83

En realidad, para esta convocatoria “A la izquierda del tren fantasma”, voy a tratar de seguir un hilo con 3 o 4 ideas que quiero plantear. La mayoría de nosotros, desde distintas opciones políticas, pero con la misma opción política genérica - que era sacarnos la dictadura de arriba - creo que tuvimos bastante grado de protagonismo en un contexto histórico determinado; y creo que hicimos las cosas relativamente bien. Y así se generaron las afectividades, la confianza y nos dio un grado de identidad que la generación tiene, y porque, además creo sin ninguna lectura grandilocuente, que fue una generación que frente al objetivo planteado, lo logró y ganó. Hubo otros objetivos que ni nos los planteamos, y ante la realidad de tener que enfrentar esos objetivos estábamos desnudos, porque no habíamos construido muchas alternativas.

Quisiera partir de ese punto diciendo que, si convocaron a compañeros con responsabilidades de gobierno, es para hablar de algunos desafíos que teníamos planteados, desde el punto de vista democrático, de la participación y de la innovación. En realidad venimos, en general, los que tenemos responsabilidades de gobierno, de haber llevado bien experiencias de resistencia, de lucha por instalar determinados niveles de cambios y luego de asumir el gobierno y a la hora de ejercer la tarea de gobierno nos encontramos con algunas realidades.

Definimos, desde el punto de vista programático, algunos enunciados genéricos que creo permitieron cohesionar y tener un centro hacia dónde se debe ir, pero una cosa es tener las grandes definiciones y otra cosa es bajarlas a la realidad. Dentro de todo es legítimo; unos pueden hablar desde el lugar de gobierno y otros desde el lugar donde lo ve, inserto en la sociedad, y tener puntos de vistas antagónicos, antitéticos, y de alguna manera admitamos la legitimidad de verlo desde realidades distintas para poder intercambiar, porque si no nos admitimos esa realidad, el diálogo termina siendo paralelo, nos juntamos en el infinito.

El desafío es bajar a la realidad los elementos que pueden ser de naturaleza programática y creo que ahí empezamos a ver algunas dificultades. En primer lugar, cuándo uno llega al gobierno y cómo se llega al gobierno, también implica cuál es el nivel de transformación que se puede hacer, cuál es la forma y cuáles son los ritmos para hacer las transformaciones. Si uno llega al gobierno después de grandes niveles de enfrentamientos en realidad tiene que reconstruir todo. Uno se encuentra que hay una institucionalidad ya conformada y, a partir de la institucionalidad, debés transformar, tanto los elementos democráticos, como los elementos de participación, de innovación de la propia institucionalidad donde te toca actuar. Este es un país que tiene una muy firme institucionalidad arraigada desde el punto de vista de las prácticas, de la estructura burocrática del aparato del Estado.

 

Cambiar dentro de las reglas de hoy y crear nuevas reglas

Hay un primer problema que es asumir el diagnóstico real de la institucionalidad una vez que entraste a la zona de la institucionalidad. Y haber llegado al gobierno en la forma que llegaste, en la contienda democrática, implica tener que evaluar bien cuál es el ritmo de los cambios que se quieren instalar en la institucionalidad, siempre y cuando se tengan claros; cuál es el ritmo de los cambios institucionales que se tienen planteados, porque una cosa es tener las grandes definiciones programáticas y otra cosa es cómo se construye esa institucionalidad con la que te vas a enfrentar. Y no es porque no hayamos tenido experiencia, porque también tuvimos institucionalidad en el gobierno departamental de Montevideo y a lo largo de 15 años –esto va por mí- pudimos cambiar relativamente poco la institucionalidad departamental. Todo proceso de cambio necesita la necesidad de hegemonizar ese proceso de cambios institucionales para darle viabilidad. Hay dos grandes mecanismos que nos tendríamos que plantear: el cambio de las reglas de juego -hacia qué reglas de juego queremos ir-, y el cambio que hay que procesar con las reglas consuetudinarias, las reglas de la práctica y, en ese marco, cuáles son las compensaciones y los castigos en los que te vas a parar. Entendiendo que tenés luchas heredadas de un Estado clientelar de larguísima data, con espacios para el amiguismo –esa es la crítica de nosotros, pero en la sociedad nuestra, la elite los criticaba, pero el conjunto se apropiaba de alguna manera de esas prácticas-, y las prácticas de corrupción, desde la microcorrupción hasta los niveles de macrocorrupción.

Creo que tenemos que enfrentar también los problemas de transformación cultural en la propia institucionalidad y en el propio funcionario, porque el funcionario “para sí” es la existencia más o menos lógica de la burocracia, que pervive y que persiste y que va a tender a pervivir y a persistir. Esa transformación, pasar todo ese aparato que muchas veces está a servicio de sí mismo, es un tema que todavía no hemos diseñado, no diseñamos las prácticas que deberíamos tender a desarrollar. En lo que tiene que ver con el proceso de transformaciones y de cambios, hemos acumulado -en el acierto o en el error- un conjunto de definiciones para desarrollar ese proceso de transformación y de cambio. Ese proceso de transformación y de cambio tenemos que verlo en lo que son las condiciones de arranque (para poder desarrollar ese proceso de cambio): las limitantes heredadas, la necesidad de estabilizar un contexto general ante las expectativas y las inseguridades que podía tener una sociedad sobre una fuerza política que, de alguna manera, se presentaba como una fuerza política de cambio. Hay una primera etapa, una etapa de estabilización, que está muy condicionada por las limitantes económicas –no me voy a extender en ellas-, y también el proceso de cambio y transformación necesita no solo la definición programática sino la capacidad de tener un nivel de comunicación con distintos actores de la sociedad, con la sociedad en su conjunto pero con distintos actores al interior de la sociedad. Y creo que la necesidad de comunicación social es un elemento determinante para lograr hegemonías en el proceso de transformación y de cambio.

 

El riesgo de vaciar de contenido a la política

¿En qué etapa estamos? ¿Hemos empezado?

Cuando hablo del papel de la comunicación, no sólo lo digo en términos generales, sino en los distintos estamentos de la sociedad, las organizaciones sociales de diverso tipo, las organizaciones clásicas, las organizaciones no gubernamentales, los estamentos de poder al interior de una sociedad, a los propios medios de comunicación social, más allá del papel ideológico que juegan y que pueden jugar, y también el papel de la comunicación hacia la propia estructura política de la cual el gobierno proviene. Porque, en realidad, hay peligros cuando se llega al gobierno que es separarse tanto de la estructura política que después se termina vaciando de contenido la propia actividad política; se podrá ganar o no ganar pero el no tener los niveles de hegemonía necesaria dentro de la estructura política genera debilitamientos institucionales de larguísimo plazo. No creo que se pueda construir una sociedad e impulsar valores dentro de una sociedad si es a través de la desaparición de las estructuras políticas, por lo menos en el contexto de construcción de la sociedad que nos hemos dado en términos históricos y culturales en este país. Creo que, muchas veces, el tema de debilitar la propia estructuración política nos va alejando y nos va introduciendo en una inercia en la cual hay una separación muy importante de la estructura de conducción y dirección del aparato del Estado y del gobierno, de la propia estructura política que creo, es un tema que está planteado. Y después hay un proceso grande que es el proceso de democratización de la toma de decisiones en el proceso de cambio y de relación entre el gobierno y la sociedad. Hay mecanismos de participación institucionalizados o institucionables o a institucionalizar y dentro de ello creo que uno podría ser un mecanismo de participación institucional para discutir la política (o parte de la política) para discutir los consejos de salarios o el Consejo de Economía Nacional, para discutir las grandes líneas económicas con sectores de la sociedad, pero creo que debe haber mecanismos de participación y de consulta hacia la sociedad civil organizada. No creo en la democracia de participación de las grandes convocatorias genéricas donde -si efectivamente es cierto que cada ciudadano es un voto-, se está alejado de la participación para construir ciudadanía en términos de participación. Hay un tema para enfrentar que es la velocidad o la premura de los cambios como demanda, que está planteada, en una sociedad como la nuestra con muchas expectativas y necesidades, frente a algunos cambios, con los mecanismos de consulta, en los cuales se tiene que parar el gobierno para lograr niveles de legitimidad.

 

Empiezan a caer los papeles y se dificulta pensar el mediano plazo

A esto se le agrega, por lo menos en la cotidianeidad que uno está, el proceso de toma de decisiones frente a los temas que uno enfrenta. Cuando se está en el aparato del Estado, uno llega de mañana, empiezan a caer papeles y, en la forma organizacional que tiene nuestro Estado, termina resolviendo firmar desde una licencia hasta los problemas más importantes de los expedientes y de las resoluciones cotidianas. Esto limita mucho a los que están en las responsabilidades de gobierno, el ver un conjunto de otros factores que hacen a la construcción de la hegemonía de la sociedad, porque el expediente que no se firma hoy se suma al de mañana y se entra en una dinámica en que perdés las posibilidades de pensar la perspectiva estratégica de mediano plazo. Para no eludir algunas cosas, también diría que, rápidamente, llegamos al gobierno sin conocer la institucionalidad; nos encontramos con una dinámica inercial burocrática de esa institucionalidad, donde muchas veces no hemos sabido tener un proceso de construcción de hegemonía para transformar el proceso de cambio. Y cuando hablamos de innovación -no solo en términos científico-tecnológicos sino también en términos institucionales- creo que carecemos de un modelo institucional hacia el cual quisiéramos caminar, que no lo tuvimos definido con anterioridad, y nos encontramos con una estructura que tiende a reproducirse a sí misma y nosotros no sabemos cómo afrontarla. Si tuviéramos la capacidad, que no tenemos, de hegemonizarla, en realidad no sabríamos en qué línea hay que hegemonizarla.

 

Crear políticas de compensaciones

Creo que tampoco construimos, en los 15 años de administración municipal, una sana y saludable doctrina de castigos y beneficios, o sea, de políticas de compensaciones. Arrancamos paternalistas en el 90, pasamos por un ciclo de enfrentamiento y de represión, y no pudimos construir esa dinámica general y hoy tampoco la tenemos definida todavía. Creo que carecemos de una política de comunicación social, no hemos logrado construir en este proceso las hegemonías necesarias para la toma de decisiones, y porque muchas veces la premura te va llevando a que ese proceso de construcción de esa hegemonía termina siendo mucho más lento. Estamos luchando contra un aparato del Estado con sus cosas buenas y malas a lo largo de la historia que va a cumplir entre 170 y 180 años de instalación en nuestra dinámica social. Creo que uno de los peligros o de los problemas más grandes que tenemos es, visto hoy, no plantearnos fuertemente la construcción de hegemonía dentro de la sociedad y no elevamos los niveles de participación organizada dentro de la sociedad. De alimentar los procesos de toma de decisiones en base a gastarle tiempo en la construcción de esa hegemonía, en lo social y en lo político, en lo que tiene que ver con el proceso de construcción dentro de la estructura política. Podemos correr algunos riesgos que van a ir contra el proyecto en el mediano y largo plazo. Creo que estas eran algunas cosas que quería introducir, esto daría para algunos puntos más.

 

 

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Exposición 2

Eduardo Blasina

 

En primer lugar, estoy sorprendido de estar acá, ya que soy un integrante atípico de esta generación. En el año 83 estaba en primero de Medicina, lo primero atípico es que soy agrónomo y estaba en Medicina, y me siento muy parecido a lo que sentía en Medicina: venía de Secundaria, de la “pampa de granito”, y había asambleas donde, si se me ocurría algo, jamás me animaba a levantar la mano y hablar porque me sentía amedrentado en medio de tanta gente. Lo otro atípico es que en el año 1983 no era del Frente Amplio –era un bicho muy raro-; la Unión Soviética me había causado horror, había gente que me decía que la música de Led Zeppelin era imperialista y me causaba horror, y creo que soy bastante atípico también por eso.

Esa sensación de extrañeza me llevó, antes de que empezara esto, a irme a la cancha de Defensor a caminar un poco, me puse en el punto penal y me pareció muy difícil hacer un penal desde esa perspectiva. Y no quiero sentirme acá como uno de esos hinchas que se sientan en la tribuna e insultan a los jugadores; yo soy uno de los felices irresponsables que están acá en Uruguay y son hinchas de Rampla Juniors.

Y no porque sea futbolero. El fútbol me parece una cosa bastante cuestionable. No me interesa el circo de Paco Casal, sí me interesa mantener ese amor que tuvieron mi abuelo y mi padre por un club perdedor desde que yo lo conozco. Uruguay y Rampla tienen una cosa en común, esa pequeñez y esa aspiración a ser de la A y estar tan cerca de la B y de la catástrofe. Básicamente, entonces, como hincha de Rampla, no critico nunca a un dirigente de Rampla, que quiere el bien del club por más que al club le vaya mal y porque me parece que es una tarea titánica agarrar una institución chica, que siempre tiene deudas, que siempre hay que sostener; es dificilísimo. Por eso creo que hay un paralelismo.

 

El Uruguay que me gustaría

Lo que me interesa es tirar algunas cosas que me gustaría que pasaran en el Uruguay, que son factibles. Creo que lo que nos une como generación es ver un Uruguay sin pobres, y sobre todo lograr niveles mayores de libertad. Creo que las dos cosas siguen pendientes y son desafíos alcanzables. Tal vez el más urgente para muchos es lograr un Uruguay sin pobreza. En una ardorosa discusión reciente, sobre el juicio al eucaliptus, un criterio que siempre aparece es que, luego de solucionar la pobreza, vamos a ocuparnos de esas pequeñeces, si es bueno o si es malo, y se dice que primero están las fuentes de trabajo. Creo que es una tarea muy difícil terminar con la pobreza en Uruguay y me parece que sería buenísimo para este gobierno poner un plazo. Creo que el hambre cero de Brasil se debe preguntar hasta cuándo, ¿cuál es el plazo razonable? ¿15 años, 20 años?

Yo no lo sé, pero tengo un gran temor: nunca me enamoré de ningún gobierno y no estoy enamorado de este tampoco, y me parece una cosa bastante triste estar poniéndome viejo y nunca haberme enamorado de ningún gobierno. Este gobierno me generó bastante expectativa y me la sigue generando pero… es como salir con una mujer macanuda,  pero de la que uno no está enamorado. ¿Cómo me enamoraría yo? Quiero enamorarme de este gobierno. Con los otros sentía que no tenía chance de arranque; con este tengo expectativas. En el caso de la lucha contra la pobreza, no soy especialista y no voy a hablar de cómo terminar con la pobreza en el Uruguay; sí quiero decir algunas cosas que me parecen sorprendentes y llamativas.

 

Incomunicación ciudad y campo

Me parece que el Uruguay es un país increíblemente incomunicado entre la ciudad y el campo con la pequeñez que tiene. Los estereotipos que hay en la ciudad sobre lo que es la ganadería, por ejemplo, y los estereotipos que tienen algunos ganaderos sobre lo que es la ciudad es una cosa que me llama mucho la atención y me llevaron, siendo montevideano total, a hacer agronomía. Entonces, una cosa que pasó en el tope de la crisis fue lo que hicieron las intendencias del interior: repartir semillas a la gente para hacer una quintita y la gente no sabía plantar. Fue algo impactante. Había crisis total, pobreza, hambre, mucha tierra y no sabían cómo plantar.

Una señora cuida a mi pequeño hijo cuando no estamos por razones de trabajo, una mujer que vive en la periferia de Montevideo. Un día me trajo una planta y le dije que trasplantara la maceta y la pusiera en el fondo; no sabía hacerlo. Me pregunté qué es lo que no sabía; finalmente trasplantó por primera vez una planta y sintió una alegría enorme, pudo hacerlo. Me parece que hay un montón de cosas macro, el PBI, etc. que son muy fundamentales, pero somos un país pobre y a un niño en la escuela no le enseñan a plantar. A veces es sorprendente que en muchos pueblos del interior haya cero cultura al respecto. No hay cosa que les guste más a los niños que ver cómo crece una planta, que crece como él cuando la riega; me parece que hay un montón de cosas chicas de cambios culturales que son fundamentales. Hoy, por ejemplo, estamos haciendo un asado con leña de coronilla, ¿cuántos años tendrían esas coronillas que están ahí? Pasaron 350 años creciendo de a poquito y las estamos quemando ahí… El  eucalipto podría ser muy bueno, por ejemplo, para sustituir la coronilla pero no ha servido para eso. Lo que en un momento me cansó de la militancia fue tanto debate ideológico; si uno era marxista de la línea no sé cuál, etc., y creo que la principal ideología es lo que uno hace todos los días, es la vida cotidiana. Hagamos el asado con eucaliptos, la brasa de la coronilla es un poquito mejor, el aroma es un poquito mejor pero no hay tanta diferencia.

 

Programas de microcrédito

En el combate a la pobreza sugeriría poner un plazo y complementar lo macro con lo micro; creo que, por ejemplo, un programa de microcrédito para las mujeres rurales es una revolución que cuesta muy poca plata, si exploramos las habilidades que tienen las mujeres rurales y les damos un poquito de dinero y las conectamos con el público de la ciudad… ¿Cuánta gente hay en las ciudades de clase media que está afín de comprar el dulce orgánico que hace tal o cual? La nueva economía es construir redes; creo que la tarea de tejedor, de construir redes, es la tarea fundamental, es clave. Visto desde la agronomía, desconfío mucho de los macroproyectos, gigantescos, cuando los titulares dicen que van a haber mil millones de dólares de inversión en tal o cual cosa; en general desconfío. Por ejemplo, el desarrollo agrícola uruguayo es básicamente cada vez menos autonomía en la producción de alimentos. ¿Qué es lo que crece fuertemente en nuestro país? La soja y el eucalipto. ¿Alguien come soja? Si es para exportar, sí, metele; yo desconfío de eso.

Uruguay es muy cortoplacista y paga las consecuencias. Hay que hacer un clic mental porque el cortoplacismo nos mata. El argentino que viene por dos años, planta soja, paga una renta cara; es un mecanismo de desarrollo que crece de una manera brutal y no conduce a mucha cosa. Lo otro que me parece y a lo que aspiro, y no cuesta nada, es a los cambios culturales.

 

Vanguardia en terminar con la discriminación

Yo me molesté cuando Bayardi usó el término “maricón” y me parece que Uruguay tiene una oportunidad muy grande de ser vanguardia en terminar con la discriminación a los homosexuales. Si hay un lei-motiv que debería tener este gobierno es la promoción a la diversidad y el concepto es válido a cualquier nivel, a nivel biológico y a nivel cultural, y ahí deberíamos ser vanguardia como generación. Uruguay es un país enfermo de pacatería y de inercia. “Como siempre estuvo prohibido…” ¿Cuál es la diferencia entre discriminar a un homosexual y discriminar a un negro? Ninguna. Sólo que en el discurso es mucho más fácil hablar a favor de los negros porque se es visiblemente blanco; si uno dice que hay que defender a los homosexuales… incluso queda bajo sospecha. No tiene más sentido que discriminar a alguien que escribe con la mano izquierda o no le gusta el asado. El desafío que deberíamos tener es hacer del Uruguay un país interesante para los que son generación 83 del resto del mundo. En cierta manera, una etapa previa a una utopía posterior –que no sé cuál sería- sería ser algo parecido a una Ámsterdam del sur. Conocer Ámsterdam me impactó no sólo porque me podía fumar un porro sin ser molestado sino porque todo el mundo era básicamente una persona culta, amable, el más rico iba en la misma bicicleta que el más pobre, el orgullo de la ciudad era tener los mejores museos, las mejores fiestas, la mejor cultura, los mejores recitales. Es un país fuerte, hace las mejores semillas del mundo, hacen los mejores quesos, son más parecidos a Uruguay que Suiza, modelo que no me gusta tanto. ¿Qué nos impide a nosotros terminar ya con todas las discriminaciones? ¿Qué nos impide terminar ya con las discriminaciones entre aquel que en vez de fumar tabaco quiere fumar cannabis? ¿Cuál es el criterio por el cual no nos animamos a tomar esa medida? Es una discusión que no se da con la fuerza que se debería dar. Sé que estas cosas no se dan de un día para otro; a veces plantearlas antes de tiempo produce el efecto contrario pero dentro de esa estrategia tiene que estar que aumentemos los grados de libertad y que el Estado deje de tratarnos como bebes de 5 años, que nos dice “el tabaco sí” -aunque es más cancerígeno, más adictivo y todo es peor- pero esto otro no porque capaz que pensás cosas raras. Basta con esa estupidez. Además, una cosa que este gobierno no puede perder y se tiene que ganar es la mística de los que están, como nosotros en aquel entonces, en primero de Facultad. Un estudiante que está en primero de Facultad y que le dicen que no puede fumar porque el gobierno no lo deja, le genera cero mística, es simplemente ganarse la imagen de dinosaurio.

En el mismo sentido, la legalización del aborto tiene que ser otro tema a tomar; hay que ver cuál sería la estrategia, capaz que no hay que plantearlo ya, no sé, pero hay todo un set de cosas que apuntan a la libertad personal en las cuales Uruguay tiene que hacer punta. Ayer leí en Clarín que Tel Aviv apunta a ser la capital mundial del turismo gay. Claro, para ir a hacer turismo a Israel hay que ser valiente. ¿Por qué Montevideo no puede ser eso? ¿Cuál es la razón de fondo? El 28 de junio Tel Aviv va a hacer terrible fiesta promovida por la municipalidad para promoverse turísticamente; eso es actuar con inteligencia, básicamente, además de que hay un equis por ciento de la población uruguaya que sufre una discriminación que no tiene el más mínimo sentido, y debería rebelársenos como una injusticia absurda de lo que cada uno hace con su vida íntima.

 

La basura orgánica e inorgánica

Otras cosas que no me enamoran es que hace 15 años que tenemos una intendencia de izquierda y todavía no logramos separar la basura orgánica de la inorgánica. ¿Cómo es tan lento? Vuelvo a estos temas chicos que hacen en conjunto a una imagen de país inteligente. Yo hice Agronomía, y sobre agricultura orgánica pasé la carrera y no existió, y era la Universidad de la República, democrática. ¿En el ministerio de Ganadería, no hay un poquito de plata para esto? Con 200 mil dólares haríamos maravillas. ¿Por qué nadie ni siquiera lo menciona como un posible objetivo? No es que crea que la agricultura orgánica nos va a salvar, pero ¿no hay una caja chica para eso? ¿Cómo nos gustaría que nos vieran? Como un país inteligente. Bueno, un país inteligente del tercer mundo, que está combatiendo la pobreza, con un plazo delimitado, que apuesta a ser distinto, el más limpio, el más natural, que además asuma el objetivo ambicioso de no seguir los errores que ya se cometieron, que no piense que nos vamos a desarrollar matando al Río Uruguay porque es el precio que hay que pagar. No quiero con esto reavivar discusiones pero nos animamos a apostar a un país culto donde no se discrimina a la gente por pavadas, donde se combate seriamente a la pobreza y donde se apunta a la diversidad cultural y a la diversidad biológica.

 

Ahora es más difícil estar en contra

Yo quisiera ver señales más firmes al respecto. A lo que le tengo mucho miedo es, y con esto termino, a que perdamos la libertad de criticar con la misma pasión con la que criticamos las mismas cosas que nos parecían mal, cuando estábamos en primer año de facultad. Yo no tengo el conocimiento técnico para saber si Botnia sí o Botnia no, lo que me preocupa es lo que pasa cuando uno dice que está en contra, y ahora es más difícil estar en contra. Estaba en contra hace un año pero ahora es más difícil y eso me parece una señal preocupante porque me parece que es algo que no se debería perder que es la capacidad de decir que me encanta que haya ganado la izquierda pero me sigue pareciendo mal una zona franca para una multinacional para hacer 100 mil hectáreas de eucaliptus. Me sigue pareciendo mal, pero si se pierde la libertad de discrepar con frescura, con esa vehemencia que teníamos en el año 83, me parece que ahí empezamos a envejecer; creo que hay que envejecer en canas pero deberíamos mantener esa referencia de cómo y con qué alegría criticábamos en el 83.

 

 

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Exposición 3

Fernando Lorenzo

 

 

La idea que me sugirieron los compañeros para esta intervención es que abordara temas que estuvieran relativamente apartados de la materia en que trabajo todos los días. En atención de dicha sugerencia, elegí compartir con ustedes un conjunto de reflexiones personales sobre lo que ha sido el trabajo hasta el presente en el Ministerio de Economía y Finanzas y cuáles han sido los puntos con los que nos sentimos satisfechos. Pero también me referiré a otros temas que tenemos enfrente y que deberemos resolverlos bien, en la medida en que serán decisivos para evaluar qué tan favorable han marchado las cosas, cuando miremos la realidad desde una perspectiva más larga. Tengan en cuenta que ocho meses es poco tiempo, sobre todo para alguien que no se había hecho a la idea que iba a estar ocupando las responsabilidades que hoy me toca ocupar.

 

Tomar decisiones por otros

Varios compañeros que están hoy en el gobierno tienen una vida que ha estado deliberadamente orientada a ocupar responsabilidades públicas. A otros, como es mi caso, nos está costando bastante esto de tomar decisiones que involucran tantos y tan diversos intereses. A mí, la asunción de responsabilidades de gobierno me pegó más de costado, por lo tanto las reflexiones que voy a compartir con ustedes son de alguien que no se había preparado para tomar decisiones por otros. Esta es una dimensión especialmente fuerte en lo personal, y les confieso que provoca un poco de angustia. Yo no me había hecho a la idea de que iba a tener que tomar tantas decisiones por otros; algunas de escasa importancia, otras verdaderamente relevantes. Lo cierto es que en esta actividad, estás permanentemente tomando decisiones que afectan a muchos, y eso verdaderamente tensiona.

¿Qué fue para mí lo más importante? Lo primero es que no estando debidamente preparado para asumir las nuevas responsabilidades, debí adaptarme rápidamente. Cuando te ves forzado a “ponerte las pilas”, lo primero que buscás es tener una agenda, un listado de ideas y objetivos que ordenen, que sirvan para priorizar acciones y evitar la dispersión de esfuerzos. Afortunadamente, en nuestro caso, antes de llegar al gobierno, teníamos una agenda bastante definida y eso nos ayudó muchísimo, en particular en los momentos iniciales. Una agenda no contiene un largo listado de lo que hay que hacer en el día a día y no tiene por qué cubrir los cinco años del período de gobierno. Lo importante es que la agenda oriente los primeros pasos de la acción gubernamental, ordenando las tareas de los tiempos, o sea de los tiempos en que lógicamente dominaba el “miedo escénico”, inherente a la novedad de desempeñar roles que nunca habíamos tenido. A mí, en lo personal, me ayudó el tener una agenda bastante precisa. Fue casi tan importante como tener elaborado el programa de gobierno, que por cierto lo teníamos.

 

Un equipo que compartía los mismos valores

Un segundo elemento importante para ordenar las primeras etapas de gobierno tiene que ver con las experiencias que hicimos en enero y febrero con los organismos multilaterales de crédito. Se trató de instancias valiosas e inéditas. Fue la primera vez que se planteó que el gobierno electo se reuniera con los organismos internacionales –el Banco Mundial, el BID y el FMI-. Fueron instancias interesantes, porque nos hicieron compartir a nivel de todo el gobierno los problemas y desafíos que enfrentaría la conducción económica. Para nosotros estas instancias fueron claves.

Otro punto importante fue llegar a un lugar que no conocíamos con un equipo muy mentalizado y consciente de la envergadura del desafío que teníamos por delante. La verdad es que llegamos al Ministerio con un equipo que compartía valores y que estaba dispuesto a “sudar la camiseta”. El armado de un equipo cohesionado permitió que rápidamente adoptáramos códigos comunes y un clima de trabajo excelente. Con muchos de los compañeros que forman parte del equipo nos conocíamos desde la militancia estudiantil. La construcción de un buen ambiente de trabajo fue un factor de éxito y debe ser ponderado adecuadamente a la hora de evaluar los resultados de la gestión realizada por el equipo del MEF. Es probable que el resultado alcanzado hasta el momento sea valorado críticamente por alguna gente, pero nosotros nos sentimos satisfechos.

 

Dificultades para la cooperación y nuevos clientes

Hay algunos aspectos de la gestión realizada, y que se pueden volver críticos en el futuro, que muestran aristas un tanto problemáticas.

El primero se relaciona con las dificultades para cooperar entre instancias que están naturalmente especializadas en áreas específicas del quehacer gubernamental. A pesar del esfuerzo que realizamos a diario, es justo reconocer que es difícil cooperar. Es difícil encontrar puntos de encuentro y comprensión mutua, que permitan trabajar entre responsables que están abocados a atender problemáticas absolutamente diferentes. Es justo reconocer que diseñar mecanismos institucionales para cooperar es decididamente complicado, sobre todo cuando los actores tienen agendas específicas importantes, cuyo procesamiento insume esfuerzos que terminan conspirando contra las propias posibilidades de cooperar. Este tema no está resuelto. Uno puede imputarle la responsabilidad a la estructura institucional del Estado o a la herencia recibida. Pero la verdad es que no disponemos hoy de mecanismos adecuados para generar instancias de cooperación. Es cierto que hay excepciones, pero en cualquier caso se trata de excepciones. La regla es que cada uno se ocupa esencialmente de los temas que le son específicos y, cuando promovemos instancias de encuentro para resolver problemas comunes, encontramos muchas dificultades.

El problema es que, progresivamente, la agenda de reformas que tenemos por delante implica cooperar entre gente que tiene distintos enfoques. Es preciso que resolvamos el tema de manera satisfactoria en el menor tiempo posible. En caso contrario nos va a costar mucho llevar adelante el enorme desafío de transformar todo lo que debe ser cambiado en nuestro país. Cuanto más ambiciosa sea la agenda, mucho mayores serán las exigencias de cooperación y más necesidad tendremos de llevar adelante proyectos comunes. Hay honrosas excepciones en las que se demuestran manifestaciones evidentes de los frutos positivos que brinda la cooperación. Muchas de estas experiencias tienen su fundamento en los lazos y vínculos personales, construidos en instancias de militancia que hemos compartido con muchos de los que estamos hoy aquí reunidos. Pero hay que superar esta realidad. No es posible que apelemos sólo a este tipo de afinidades generacionales para lograr niveles adecuados de cooperación.

El segundo elemento tiene que ver con las prácticas clientelísticas que las anteriores administraciones instalaron en el ejercicio del poder. Estas prácticas afectaron de manera negativa el funcionamiento del Estado y tiñeron de intereses particulares a las políticas públicas. Hoy el gobierno está muy atento en este plano y se ha logrado limitar de manera considerable las desviaciones corporativistas implícitas en el clientelismo tradicional.  Pero es necesario mantenerse alerta al respecto, porque el gobierno tiene que evitar posibles “capturas” por parte de intereses particulares.  El caso es que pueden aparecer nuevas amenazas clientelísticas, derivadas de los intereses de diversos colectivos que se mueven en pos de sus intereses específicos. Debemos tener cuidado de no generar otra clase de “clientes”. Por cierto que algunos podrían argumentar que los beneficiarios de las acciones serían bien diferentes y que se podrían atender colectivos bien distintos de los privilegiados por los partidos tradicionales, pero en cualquier caso hay que actuar con cuidado porque pueden surgir tensiones entre lo que queríamos hacer y lo que terminamos haciendo. Recordemos que en la práctica cotidiana nos relacionamos continuamente con organizaciones representativas o con ciudadanos que tienen demandas específicas, muchas veces justas, pero que ellos no son clientes de las políticas públicas. Hay que tener cuidado porque pueden surgir colectivos de nuestra sociedad que terminan capturando rentas que podrían tener mejores beneficiarios desde el punto de vista de la equidad y de la noción de la justicia social tal cual las concibe la izquierda política uruguaya.

 

 

Tres desafíos para un gobierno radicalmente reformista y transformador

El último tema al que quisiera referirme tiene que ver con el futuro, con lo que falta por hacer. Hoy nos encontramos “bien parados en la cancha” y hemos ido perdiendo inexperiencia. En este contexto, se nos plantea un problema relativamente urgente: un gobierno que aspira a realizar reformas importantes tiene que resolver adecuadamente tres cuestiones.

La primera tiene relación con los requerimientos técnicos que tienen muchas de las reformas pendientes. Algunas de las transformaciones más importantes que están en nuestro programa de gobierno, y que nos hemos comprometido a llevar adelante, requieren diseños técnicos relativamente sofisticados, en la medida en que se aspira a superar problemas complejos que padecen desde hace muchos años las estructuras institucionales y económicas de nuestro país. En este plano, el principal obstáculo que debemos evitar es que, dada la complejidad de los problemas a resolver, se ceda ante una “deriva tecnocrática”. El camino a recorrer en este sentido debe ser cuidadoso. Es necesario asumir que en las fases de diseño de las reformas se plantean discusiones con actores, con técnicos, que no tienen por qué entender acerca de lógicas y motivaciones políticas, pero que dominan materias específicas sobre las que se quiere actuar. Hay que apoyarse en la rigurosidad técnica, pero al mismo tiempo hay que velar por los objetivos políticos que han servido de inspiración a nuestro programa de reformas.

Un segundo desafío tiene que ver con la permanencia de las reformas que se lleven adelante y con el efectivo cumplimiento de las metas planteadas al diseñarlas. Para que las reformas sean duraderas y para que tengan posibilidades ciertas de éxito, deben ser sometidas al escrutinio público. Los proyectos de reforma deben ser debatidos públicamente. Las instancias de participación pueden ser muy diversas, pero no puede perderse de vista que la permanencia de las reformas depende, en buena medida, del sustento social que conciten. Hay que preocuparse por “blindar” las reformas de apoyo ciudadano, y eso implica habilitar mecanismos de participación. No es posible cumplir con este objetivo si no mostramos disposición a dar la batalla de opinión pública de frente, defendiendo nuestros puntos de vista, pero mostrando apertura para escuchar opiniones diferentes, para entender oposiciones y para enfrentar con argumentos sólidos las críticas y observaciones que nuestros proyectos pueden merecer.

Finalmente, necesitamos mantener y alimentar la reflexión política propiamente dicha. En caso contrario podemos cometer errores y hasta se puede perder el rumbo en lo que refiere a los objetivos políticos perseguidos. No es sano que, cuando se está en el gobierno, las orientaciones políticas se definen exclusivamente de acuerdo a la lógica de gobierno.

 

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Exposición 4

Hoenir Sarthou

 

La idea que planteó Fernando Lorenzo sobre debatir reformas, me parece fantástica. Yo no me siento capacitado para juzgar la reforma tributaria, pero está bárbaro que se haya largado así a la opinión pública para que todos podamos hacernos una idea de lo que es y podamos aportar.

Yo voy a dar la visión desde el lado de afuera del gobierno, escucho hablar a la gente que tiene responsabilidades en el gobierno y me conmueven, los admiro. Yo, felizmente, no tengo esa carga.

Mirado desde el otro lado del mostrador este gobierno tiene una situación que se podría definir como “el sueño del pibe”. Es un gobierno que prácticamente no tiene oposición. Resulta que tiene mayoría parlamentaria en las dos cámaras, tiene a los partidos adversarios desarticulados en una debacle como prácticamente nunca en su historia.

Cuenta con que las dirigencias sindicales, por lo menos en teoría y en su mayor parte, son simpatizantes o adherentes, no son enemigos políticos del gobierno.

Las estructuras políticas del propio Frente Amplio y los propios partidos que lo integran le han dado una preeminencia a la función de gobierno muy marcada, lo que significa que los cargos de gobierno tienen manos libres en muchos aspectos para actuar.

Todo este panorama que parece fantástico desde el punto de vista del que tiene que gobernar tiene, paradojalmente, una contrapartida, pensándolo desde el punto de vista de una concepción democrática que de alguna manera es el tema que estaba propuesto para este encuentro.

 

Un parlamento casi sin debate y empobrecido

Tomando como ejemplo al parlamento, que tiene mayoría del gobierno en ambas cámaras, es un parlamento prácticamente sin debate, lo cual para una democracia es un poco complicado.

Además es un parlamento empobrecido porque las principales figuras, aquellas de las que se esperaría un debate político, opiniones contrastantes, aquel consejo o aquella parada de manos que dice “esto no lo voto” no están. Las personas que están en el parlamento, que son muy respetables y muchos de ellos son compañeros valiosos, no tienen el relieve político que les permitiría hacer una parada de carro en determinado momento, o meter pechera y sacar adelante algo que haya que sacar.

Yo noto que se está a la espera de las iniciativas del gobierno y luego se opera como una instancia de legitimación de las políticas del Poder Ejecutivo. Esta es una situación bastante inédita en el Uruguay.

El Partido Colorado y el Partido Nacional están a la espera de las contradicciones en que pueda incurrir el gobierno, pero no tienen un discurso para contraponer a la política oficial.