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Encuentros de Futuro Imperfecto Episodio 1 A la Izquierda del Tren Fantasma Futuro Imperfecto Encuentros / Episodio
1 La
generación 83 se parece en algo a una red neuronal Pepe Serrentino Palabras Iniciales Exposiciones |
Encuentros de Futuro Imperfecto Diálogos sin fronteras |
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En el 2003 nos preguntábamos por
qué habíamos quedado, como generación 83, fuera de los principales ámbitos
institucionales de acción y construcción. Dos años después, cuando el nuevo
gobierno asumió, un torrente de cuarentones -presuntamente olvidados- de
pronto eran designados a diversos cargos. Varios miembros de la generación 83
aceptaron el desafío de ejercer -casi sin experiencia previa- como
subsecretarios o directores en ministerios, presidentes o directores de
entes, y otros cargos relevantes. Ocho meses después, como una
muestra de que la generación iba más allá de un encuentro casual, y más allá
del ejercicio de la nostalgia, “gobernantes y gobernados” se
reunieron a conversar, a intercambiar ideas, a cuestionar, a proponer. Y
también a divertirse, comer un buen asado y devorarse varias damajuanas de
vino. Se trató del "Episodio 1" de "Futuro Imperfecto
Encuentros". Los gobernantes dejaron tranquilos a los gobernados: a
ninguno se le había subido el poder a la cabeza. Los gobernados dejaron
tranquilos a los gobernantes: no los abandonarían en la soledad del poder. El
diálogo no se había detenido y había superado una nueva frontera, una de las
más díficiles: la frontera entre quienes ocupan
posiciones de poder en el gobierno y quienes no. El encuentro comenzó con una
exposición de 10 minutos, por parte de cinco miembros de la generación, cuyo
tema eran estos primeros meses de gobierno. Tres eran gobernantes, dos eran
gobernados: Pepe Bayardi, Fernando Lorenzo, Daniel
Martínez, Hoenir Sarthou
y Eduardo Blasina. Además de las transcripciones de
las exposiciones y de la presentación del Encuentro, en el informe que Futuro
Imperfecto Revista presenta en esta edición, se incluye un texto de Pepe
Serrentino y otro de Marcelo Pereira. Pepe fue uno de los organizadores, y
explica el porqué del Encuentro, y el plan a futuro. Marcelo, periodista de
larga trayectoria, ofrece una mirada a la distancia, y un análisis de la
importancia de estas reuniones. |
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La generación 83 se parece
en algo a una red neuronal Divertida
comparación. ¿Cuáles serían sus características? Que cada uno de sus nodos
está conectado con varios de los otros. Que cada uno es a su vez emisor y
receptor. Que cada uno recibe y transmite excitaciones diversas. Que cada uno
tiene su especialización pero participa o asiste a las especializaciones de
los otros. Y lo más importante: que la red "sabe" más que la suma
de sus nodos. Y que la red "aprende". Después de que
la red se re-constituyera utilizando mediación electrónica en el 2003, se
propuso un conjunto de desafíos y tuvo éxito. Se hizo la semana 2003. Con
éxito. Una zona de la red se propuso el homenaje a Seregni
en 2004. Con éxito. Luego nació Futuro Imperfecto Revista. Pero de
octubre 2004 a junio 2005 ocurrió un terremoto esperado en la aldea. La
izquierda alcanzó el Poder Ejecutivo y ocho gobiernos departamentales. Buena
parte del entusiasmo re-constitutivo de la generación se había alimentado de
las expectativas y temores del terremoto que se venía. Una cuestión que
estaba por verse era qué consecuencias iba a tener el terremoto sobre la red.
El acceso progresista al poder, ¿era el final de la experiencia reconstitutiva? ¿O Semana83 tenía una vocación que
trascendía ese momento histórico? ¿Punto final o punto de inflexión? Futuro
Imperfecto Encuentros fue la forma de hacernos y respondernos esa pregunta.
Cuando nos propusimos el desafío lo definimos de esta manera: ·
generar un espacio de discusión y reflexión
propio de los g83 con responsabilidades de gobierno; ·
generar un espacio de discusión y
reflexión entre los g83 con responsabilidades de gobierno y los g83 que no
tenemos responsabilidades de gobierno; ·
fortalecer la red horizontal de
comunicación y colaboración generacional en roles de gobierno; ·
crear un espacio de prospectiva
generacional. En la red
teníamos tres subconjuntos que fuimos denominando cromáticamente. Los azules.
Los que habiendo participado más o menos activamente de la reconstitución del
2003 se encontraban en cargos de gobierno nacionales o
departamentales y con baja o nula interacción en el foro electrónico. Los verdes.
Los que participaban activamente en el foro electrónico sin tener
responsabilidades en el nuevo gobierno. Los turquesas.
La intersección de verdes y azules eran varios miembros activos en el foro
con tareas de consultoría/asesoría puntuales o permanentes en el gobierno,
pero sin cargos de responsabilidad ejecutiva. Estaba claro
desde un principio el interés de los verdes en tener oportunidades de
interactuar, discutir y pensar colectivamente con los azules. La cuestión
clave era si los azules tenían la recíproca necesidad de hacerlo en un ámbito
generacional, no oficial, no partidario, y obviamente no resolutivo. La preparación
de Episodio 1 llevó varios meses, durante los cuales nos entrevistamos
individualmente con muchos azules y turquesas para pedirles feed-back sobre la iniciativa. En general obtuvimos buena
disposición, pero a su vez algunos temores. Eso nos hizo formular y
reformular muchas veces las características de la actividad que estábamos
planificando. Llegó un
momento en que, sin haber despejado todas las dudas, entendimos que la clave
era generar el Episodio 1. El Episodio 1 no tenía en sí mismo el objetivo de
discutir una problemática particular, sino de empezar, de sentar el
precedente, de medir la convocatoria, de generar confianza. Los dos
eventos del Quincho del Franzini de diciembre 2005
cumplieron ese objetivo de lanzamiento con éxito. Nos demostramos que existe
el espacio, que es valioso, que es viable. En el 2006
habrá varios Encuentros, probablemente centrados en temáticas específicas.
Probablemente alternemos encuentros pequeños y muy específicos con otros más
grandes con características de "jornadas multitemáticas".
Los guiones de
los próximos Episodios están por escribirse. |
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Circuito Abierto En los últimos doce meses se ha discutido
bastante acerca de la política de comunicación del gobierno con la sociedad,
y mucho menos sobre las estrategias en dirección inversa, desde lo social
hacia las autoridades. Pero éstas pueden ser las más interesantes
para establecer un intercambio fecundo, en la medida en que inventemos
alternativas a la gama tradicional de recursos que va del comunicado al
lobby. Desde la generación 83 se tomó la iniciativa de crear un ámbito para
que nuestros compañeros con responsabilidades gubernamentales pudieran
escuchar y ser escuchados, con beneficio para ambas partes. Fue una
contribución, entre muchas necesarias, a la tarea de intervenir sobre los
circuitos cerrados en el gobierno y fuera de él. En el interior de cualquier
institución, es fácil convencerse de que todo se hace del mejor modo posible
y de que las críticas son producto de la ignorancia, el error o incluso la
mala intención. Desde fuera se corren riesgos relacionados con el
apresuramiento, la desinformación y los prejuicios. Quien asume una tarea
difícil siente a menudo que es ilegítimo criticar desde la comodidad del
llano. Al otro lado del mostrador, es frecuente la percepción de que quienes
ocupan cargos se acomodaron y actúan con soberbia. Esos riesgos afectan la
calidad de la convivencia democrática, cortan puentes y menguan el potencial
de construcción colectiva desde la diversidad. Todos, desde el gobierno y
fuera de él, necesitamos comprender cómo se ven las cosas desde otros
lugares, y sería un desperdicio no aprovechar, para ello, las redes de
confianza y la familiaridad que nos vinculan desde los tiempos de la
dictadura. Desde entonces hemos realizado aprendizajes distintos, y es buena
hora para que intentemos, en la modesta escala de nuestras posibilidades,
poner en contacto experiencias y saberes. Crear
modos de que se complementen y se potencien, ordenar nuestros disensos y
recrear nuestra identidad colectiva. Hallar un común denominador útil para
cada uno de nosotros, para ese "nosotros" como tal y, más allá,
para el conjunto de la sociedad. Casualmente, se trata de una tarea bastante similar a la que nos convocó en
1983. |
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Palabras Iniciales / Edgardo Rubianes Esta es una instancia cerrada que
nos dimos los compañeros de la generación 83 y sólo en caso de que lo
acordemos con los participantes, lo haremos público. Realizamos esto para ir
instaurando un ámbito de intercambio entre todos nosotros, y lo vemos como punto
de partida y no lo vemos como dinámica natural. Hace 25 años hablábamos muy
cerca de aquí rompiendo un silencio obligado; hace dos años recuperamos la
palabra y la memoria también colectivamente con todos los matices que nos
componen. Hoy tenemos una nueva realidad política que de alguna manera
proyecta, dos decenios después, muchos de aquellos ideales comunes. Sin
embargo, para lograr un intercambio abierto entre nosotros debemos generar
estos ámbitos protegidos; parecería que la realidad gubernamental trazara una
línea divisoria entre nosotros. No creo que la necesitemos ni la queramos. Con distintas tareas, con
distintas responsabilidades, "a la izquierda del tren fantasma"
estamos todos. Intercambiemos, socialicemos experiencias y visiones. Tenemos
una matriz común, generemos una nueva forma de actuar socialmente, cumplamos
con el desafío nada menor que Seregni nos trasladó
en su último discurso en el Paraninfo. En función de estas ideas, nos hemos
planteado esta instancia. Invitamos a compañeros que tienen
responsabilidades gubernamentales y compañeros que no las tienen pero son
activos –como todos los integrantes de este nucleamiento
de generación 83- para generar esas voces de distintos lados y contribuir a
generar esta instancia y pensamos que este es un punto de partida que a lo
largo del 2006 puede tener otro tipo de desarrollo. |
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Palabras Iniciales / Pepe Serrentino Sólo quiero decir que hay muchos
compañeros que no nos acompañan en este momento porque no están en el país o
porque están trabajando en distintas cosas, y que nos hubieran querido
acompañar y se comunicaron con nosotros. Ellos son: Nelson Villarreal, Benjamín Liberoff,
Roberto Elissalde, Marcelo Pereira, Pablo Chilibroste, Juan Faroppa, Di
Giovanni, Mario Bergara y el “Culto” Carámbula. Quiero decir algo breve: Marcelo se disculpaba
por no poder estar hoy y decía una reflexión: que hay cierto riesgo de que,
de alguna manera, nuestra relación con el gobierno, como la de un matrimonio,
quede en cosas afectivas y perdamos las referencias racionales. Chabela
contestaba al revés, su temor de que tengamos una relación basada en cosas
racionales y faltara lo afectivo. Un rato después, Ruben
Martínez dijo una cosa que me parecía interesante y era que tuviéramos suerte
con la reunión y que hay una parte del cariño que tiene que ver con el roce;
a mí me parece interesante con referencia lo que queremos hacer: hay una
parte que es la necesidad de diálogo, de conversar, con roce, y así se
construye cariño también. Les pedimos que hagan una
intervención breve de 10 minutos a Daniel, a Fernando, al Pepe y a Eduardo
planteando una reflexión desde la perspectiva de ellos tanto desde el
gobierno como representando de alguna manera a la lista g83 de lo que es este
momento y de lo que es el futuro imperfecto. |
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José Bayardi La generación 83 En realidad, para esta
convocatoria “A la izquierda del tren fantasma”, voy a tratar de
seguir un hilo con 3 o 4 ideas que quiero plantear. La mayoría de nosotros,
desde distintas opciones políticas, pero con la misma opción política
genérica - que era sacarnos la dictadura de arriba - creo que tuvimos
bastante grado de protagonismo en un contexto histórico determinado; y creo
que hicimos las cosas relativamente bien. Y así se generaron las
afectividades, la confianza y nos dio un grado de identidad que la generación
tiene, y porque, además creo sin ninguna lectura grandilocuente, que fue una
generación que frente al objetivo planteado, lo logró y ganó. Hubo otros
objetivos que ni nos los planteamos, y ante la realidad de tener que
enfrentar esos objetivos estábamos desnudos, porque no habíamos construido
muchas alternativas. Quisiera partir de ese punto
diciendo que, si convocaron a compañeros con responsabilidades de gobierno,
es para hablar de algunos desafíos que teníamos planteados, desde el punto de
vista democrático, de la participación y de la innovación. En realidad
venimos, en general, los que tenemos responsabilidades de gobierno, de haber
llevado bien experiencias de resistencia, de lucha por instalar determinados niveles
de cambios y luego de asumir el gobierno y a la hora de ejercer la tarea de
gobierno nos encontramos con algunas realidades. Definimos, desde el punto de
vista programático, algunos enunciados genéricos que creo permitieron
cohesionar y tener un centro hacia dónde se debe ir, pero una cosa es tener
las grandes definiciones y otra cosa es bajarlas a la realidad. Dentro de
todo es legítimo; unos pueden hablar desde el lugar de gobierno y otros desde
el lugar donde lo ve, inserto en la sociedad, y tener puntos de vistas
antagónicos, antitéticos, y de alguna manera admitamos la legitimidad de
verlo desde realidades distintas para poder intercambiar, porque si no nos
admitimos esa realidad, el diálogo termina siendo paralelo, nos juntamos en
el infinito. El desafío es bajar a la realidad
los elementos que pueden ser de naturaleza programática y creo que ahí
empezamos a ver algunas dificultades. En primer lugar, cuándo uno llega al
gobierno y cómo se llega al gobierno, también implica cuál es el nivel de transformación
que se puede hacer, cuál es la forma y cuáles son los ritmos para hacer las
transformaciones. Si uno llega al gobierno después de grandes niveles de
enfrentamientos en realidad tiene que reconstruir todo. Uno se encuentra que
hay una institucionalidad ya conformada y, a partir de la institucionalidad, debés transformar, tanto los elementos democráticos, como
los elementos de participación, de innovación de la propia institucionalidad
donde te toca actuar. Este es un país que tiene una muy firme
institucionalidad arraigada desde el punto de vista de las prácticas, de la
estructura burocrática del aparato del Estado. Cambiar dentro de las reglas de
hoy y crear nuevas reglas Hay un primer problema que es asumir
el diagnóstico real de la institucionalidad una vez que entraste a la zona de
la institucionalidad. Y haber llegado al gobierno en la forma que llegaste,
en la contienda democrática, implica tener que evaluar bien cuál es el ritmo
de los cambios que se quieren instalar en la institucionalidad, siempre y
cuando se tengan claros; cuál es el ritmo de los cambios institucionales que
se tienen planteados, porque una cosa es tener las grandes definiciones
programáticas y otra cosa es cómo se construye esa institucionalidad con la
que te vas a enfrentar. Y no es porque no hayamos tenido experiencia, porque
también tuvimos institucionalidad en el gobierno departamental de Montevideo
y a lo largo de 15 años –esto va por mí- pudimos cambiar relativamente
poco la institucionalidad departamental. Todo proceso de cambio necesita la
necesidad de hegemonizar ese proceso de cambios
institucionales para darle viabilidad. Hay dos grandes mecanismos que nos
tendríamos que plantear: el cambio de las reglas de juego -hacia qué reglas
de juego queremos ir-, y el cambio que hay que procesar con las reglas
consuetudinarias, las reglas de la práctica y, en ese marco, cuáles son las
compensaciones y los castigos en los que te vas a parar. Entendiendo que tenés luchas heredadas de un Estado clientelar
de larguísima data, con espacios para el amiguismo
–esa es la crítica de nosotros, pero en la sociedad nuestra, la elite
los criticaba, pero el conjunto se apropiaba de alguna manera de esas
prácticas-, y las prácticas de corrupción, desde la microcorrupción
hasta los niveles de macrocorrupción. Creo que tenemos que enfrentar
también los problemas de transformación cultural en la propia
institucionalidad y en el propio funcionario, porque el funcionario
“para sí” es la existencia más o menos lógica de la burocracia,
que pervive y que persiste y que va a tender a pervivir y a persistir. Esa
transformación, pasar todo ese aparato que muchas veces está a servicio de sí
mismo, es un tema que todavía no hemos diseñado, no diseñamos las prácticas
que deberíamos tender a desarrollar. En lo que tiene que ver con el proceso
de transformaciones y de cambios, hemos acumulado -en el acierto o en el
error- un conjunto de definiciones para desarrollar ese proceso de
transformación y de cambio. Ese proceso de transformación y de cambio tenemos
que verlo en lo que son las condiciones de arranque (para poder desarrollar
ese proceso de cambio): las limitantes heredadas, la necesidad de estabilizar
un contexto general ante las expectativas y las inseguridades que podía tener
una sociedad sobre una fuerza política que, de alguna manera, se presentaba
como una fuerza política de cambio. Hay una primera etapa, una etapa de
estabilización, que está muy condicionada por las limitantes económicas
–no me voy a extender en ellas-, y también el proceso de cambio y
transformación necesita no solo la definición programática sino la capacidad
de tener un nivel de comunicación con distintos actores de la sociedad, con
la sociedad en su conjunto pero con distintos actores al interior de la
sociedad. Y creo que la necesidad de comunicación social es un elemento
determinante para lograr hegemonías en el proceso de transformación y de
cambio. El riesgo de vaciar de contenido
a la política ¿En qué etapa estamos? ¿Hemos empezado? Cuando hablo del papel de la
comunicación, no sólo lo digo en términos generales, sino en los distintos
estamentos de la sociedad, las organizaciones sociales de diverso tipo, las
organizaciones clásicas, las organizaciones no gubernamentales, los estamentos
de poder al interior de una sociedad, a los propios medios de comunicación
social, más allá del papel ideológico que juegan y que pueden jugar, y
también el papel de la comunicación hacia la propia estructura política de la
cual el gobierno proviene. Porque, en realidad, hay peligros cuando se llega
al gobierno que es separarse tanto de la estructura política que después se
termina vaciando de contenido la propia actividad política; se podrá ganar o
no ganar pero el no tener los niveles de hegemonía necesaria dentro de la
estructura política genera debilitamientos institucionales de larguísimo plazo. No creo que se pueda construir una
sociedad e impulsar valores dentro de una sociedad si es a través de la
desaparición de las estructuras políticas, por lo menos en el contexto de
construcción de la sociedad que nos hemos dado en términos históricos y
culturales en este país. Creo que, muchas veces, el tema de debilitar la
propia estructuración política nos va alejando y nos va introduciendo en una
inercia en la cual hay una separación muy importante de la estructura de
conducción y dirección del aparato del Estado y del gobierno, de la propia
estructura política que creo, es un tema que está planteado. Y después hay un
proceso grande que es el proceso de democratización de la toma de decisiones
en el proceso de cambio y de relación entre el gobierno y la sociedad. Hay
mecanismos de participación institucionalizados o institucionables
o a institucionalizar y dentro de ello creo que uno podría ser un mecanismo
de participación institucional para discutir la política (o parte de la
política) para discutir los consejos de salarios o el Consejo de Economía
Nacional, para discutir las grandes líneas económicas con sectores de la
sociedad, pero creo que debe haber mecanismos de participación y de consulta
hacia la sociedad civil organizada. No creo en la democracia de participación
de las grandes convocatorias genéricas donde -si efectivamente es cierto que
cada ciudadano es un voto-, se está alejado de la participación para
construir ciudadanía en términos de participación. Hay un tema para enfrentar
que es la velocidad o la premura de los cambios como demanda, que está
planteada, en una sociedad como la nuestra con muchas expectativas y
necesidades, frente a algunos cambios, con los mecanismos de consulta, en los
cuales se tiene que parar el gobierno para lograr niveles de legitimidad. Empiezan a caer los papeles y se
dificulta pensar el mediano plazo A esto se le agrega, por lo menos
en la cotidianeidad que uno está, el proceso de toma de decisiones frente a
los temas que uno enfrenta. Cuando se está en el aparato del Estado, uno
llega de mañana, empiezan a caer papeles y, en la forma organizacional que
tiene nuestro Estado, termina resolviendo firmar desde una licencia hasta los
problemas más importantes de los expedientes y de las resoluciones
cotidianas. Esto limita mucho a los que están en las responsabilidades de
gobierno, el ver un conjunto de otros factores que hacen a la construcción de
la hegemonía de la sociedad, porque el expediente que no se firma hoy se suma
al de mañana y se entra en una dinámica en que perdés
las posibilidades de pensar la perspectiva estratégica de mediano plazo. Para
no eludir algunas cosas, también diría que, rápidamente, llegamos al gobierno
sin conocer la institucionalidad; nos encontramos con una dinámica inercial
burocrática de esa institucionalidad, donde muchas veces no hemos sabido
tener un proceso de construcción de hegemonía para transformar el proceso de
cambio. Y cuando hablamos de innovación -no solo en términos
científico-tecnológicos sino también en términos institucionales- creo que
carecemos de un modelo institucional hacia el cual quisiéramos caminar, que
no lo tuvimos definido con anterioridad, y nos encontramos con una estructura
que tiende a reproducirse a sí misma y nosotros no sabemos cómo afrontarla.
Si tuviéramos la capacidad, que no tenemos, de hegemonizarla,
en realidad no sabríamos en qué línea hay que hegemonizarla. Crear políticas de compensaciones Creo que tampoco construimos, en
los 15 años de administración municipal, una sana y saludable doctrina de
castigos y beneficios, o sea, de políticas de compensaciones. Arrancamos
paternalistas en el 90, pasamos por un ciclo de enfrentamiento y de represión,
y no pudimos construir esa dinámica general y hoy tampoco la tenemos definida
todavía. Creo que carecemos de una política de comunicación social, no hemos
logrado construir en este proceso las hegemonías necesarias para la toma de
decisiones, y porque muchas veces la premura te va llevando a que ese proceso
de construcción de esa hegemonía termina siendo mucho más lento. Estamos
luchando contra un aparato del Estado con sus cosas buenas y malas a lo largo
de la historia que va a cumplir entre 170 y 180 años de instalación en
nuestra dinámica social. Creo que uno de los peligros o de los problemas más
grandes que tenemos es, visto hoy, no plantearnos fuertemente la construcción
de hegemonía dentro de la sociedad y no elevamos los niveles de participación
organizada dentro de la sociedad. De alimentar los procesos de toma de
decisiones en base a gastarle tiempo en la construcción de esa hegemonía, en
lo social y en lo político, en lo que tiene que ver con el proceso de
construcción dentro de la estructura política. Podemos correr algunos riesgos
que van a ir contra el proyecto en el mediano y largo plazo. Creo que estas
eran algunas cosas que quería introducir, esto daría para algunos puntos más. |
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Eduardo Blasina En
primer lugar, estoy sorprendido de estar acá, ya que soy un integrante
atípico de esta generación. En el año 83 estaba en primero de Medicina, lo
primero atípico es que soy agrónomo y estaba en Medicina, y me siento muy parecido
a lo que sentía en Medicina: venía de Secundaria, de la “pampa de
granito”, y había asambleas donde, si se me ocurría algo, jamás me
animaba a levantar la mano y hablar porque me sentía amedrentado en medio de
tanta gente. Lo otro atípico es que en el año 1983 no era del Frente Amplio
–era un bicho muy raro-; la Unión Soviética me había causado horror,
había gente que me decía que la música de Led Zeppelin era imperialista y me causaba horror, y creo que
soy bastante atípico también por eso. Esa
sensación de extrañeza me llevó, antes de que empezara esto, a irme a la
cancha de Defensor a caminar un poco, me puse en el punto penal y me pareció
muy difícil hacer un penal desde esa perspectiva. Y no quiero sentirme acá
como uno de esos hinchas que se sientan en la tribuna e insultan a los
jugadores; yo soy uno de los felices irresponsables que están acá en Uruguay
y son hinchas de Rampla Juniors.
Y
no porque sea futbolero. El fútbol me parece una cosa bastante cuestionable.
No me interesa el circo de Paco Casal, sí me interesa mantener ese amor que
tuvieron mi abuelo y mi padre por un club perdedor desde que yo lo conozco.
Uruguay y Rampla tienen una cosa en común, esa
pequeñez y esa aspiración a ser de la A y estar tan cerca de la B y de la
catástrofe. Básicamente, entonces, como hincha de Rampla,
no critico nunca a un dirigente de Rampla, que
quiere el bien del club por más que al club le vaya mal y porque me parece
que es una tarea titánica agarrar una institución chica, que siempre tiene
deudas, que siempre hay que sostener; es dificilísimo. Por eso creo que hay
un paralelismo. El Uruguay que me gustaría Lo
que me interesa es tirar algunas cosas que me gustaría que pasaran en el
Uruguay, que son factibles. Creo que lo que nos une como generación es ver un
Uruguay sin pobres, y sobre todo lograr niveles mayores de libertad. Creo que
las dos cosas siguen pendientes y son desafíos alcanzables. Tal vez el más
urgente para muchos es lograr un Uruguay sin pobreza. En una ardorosa
discusión reciente, sobre el juicio al eucaliptus,
un criterio que siempre aparece es que, luego de solucionar la pobreza, vamos
a ocuparnos de esas pequeñeces, si es bueno o si es malo, y se dice que
primero están las fuentes de trabajo. Creo que es una tarea muy difícil
terminar con la pobreza en Uruguay y me parece que sería buenísimo para este
gobierno poner un plazo. Creo que el hambre cero de Brasil se debe preguntar
hasta cuándo, ¿cuál es el plazo razonable? ¿15 años, 20 años? Yo
no lo sé, pero tengo un gran temor: nunca me enamoré de ningún gobierno y no
estoy enamorado de este tampoco, y me parece una cosa bastante triste estar
poniéndome viejo y nunca haberme enamorado de ningún gobierno. Este gobierno
me generó bastante expectativa y me la sigue generando pero… es como
salir con una mujer macanuda, pero de
la que uno no está enamorado. ¿Cómo me enamoraría yo? Quiero enamorarme de
este gobierno. Con los otros sentía que no tenía chance de arranque; con este
tengo expectativas. En el caso de la lucha contra la pobreza, no soy
especialista y no voy a hablar de cómo terminar con la pobreza en el Uruguay;
sí quiero decir algunas cosas que me parecen sorprendentes y llamativas. Incomunicación ciudad y campo Me
parece que el Uruguay es un país increíblemente incomunicado entre la ciudad
y el campo con la pequeñez que tiene. Los estereotipos que hay en la ciudad
sobre lo que es la ganadería, por ejemplo, y los estereotipos que tienen
algunos ganaderos sobre lo que es la ciudad es una cosa que me llama mucho la
atención y me llevaron, siendo montevideano total, a hacer agronomía.
Entonces, una cosa que pasó en el tope de la crisis fue lo que hicieron las
intendencias del interior: repartir semillas a la gente para hacer una
quintita y la gente no sabía plantar. Fue algo impactante. Había crisis
total, pobreza, hambre, mucha tierra y no sabían cómo plantar. Una
señora cuida a mi pequeño hijo cuando no estamos por razones de trabajo, una
mujer que vive en la periferia de Montevideo. Un día me trajo una planta y le
dije que trasplantara la maceta y la pusiera en el fondo; no sabía hacerlo.
Me pregunté qué es lo que no sabía; finalmente trasplantó por primera vez una
planta y sintió una alegría enorme, pudo hacerlo. Me parece que hay un montón
de cosas macro, el PBI, etc. que son muy fundamentales, pero somos un país
pobre y a un niño en la escuela no le enseñan a plantar. A veces es
sorprendente que en muchos pueblos del interior haya cero cultura
al respecto. No hay cosa que les guste más a los niños que ver cómo crece una
planta, que crece como él cuando la riega; me parece que hay un montón de
cosas chicas de cambios culturales que son fundamentales. Hoy, por ejemplo,
estamos haciendo un asado con leña de coronilla, ¿cuántos años tendrían esas
coronillas que están ahí? Pasaron 350 años creciendo de a poquito y las
estamos quemando ahí… El
eucalipto podría ser muy bueno, por ejemplo, para sustituir la
coronilla pero no ha servido para eso. Lo que en un momento me cansó de la
militancia fue tanto debate ideológico; si uno era marxista de la línea no sé
cuál, etc., y creo que la principal ideología es lo que uno hace todos los
días, es la vida cotidiana. Hagamos el asado con eucaliptos, la brasa de la coronilla es un poquito mejor, el aroma es
un poquito mejor pero no hay tanta diferencia. Programas de microcrédito En
el combate a la pobreza sugeriría poner un plazo y complementar lo macro con
lo micro; creo que, por ejemplo, un programa de microcrédito
para las mujeres rurales es una revolución que cuesta muy poca plata, si
exploramos las habilidades que tienen las mujeres rurales y les damos un
poquito de dinero y las conectamos con el público de la ciudad… ¿Cuánta
gente hay en las ciudades de clase media que está afín de comprar el dulce
orgánico que hace tal o cual? La nueva economía es construir redes; creo que
la tarea de tejedor, de construir redes, es la tarea fundamental, es clave.
Visto desde la agronomía, desconfío mucho de los macroproyectos, gigantescos,
cuando los titulares dicen que van a haber mil millones de dólares de
inversión en tal o cual cosa; en general desconfío. Por ejemplo, el
desarrollo agrícola uruguayo es básicamente cada vez menos autonomía en la
producción de alimentos. ¿Qué es lo que crece fuertemente en nuestro país? La
soja y el eucalipto. ¿Alguien come soja? Si es para exportar, sí, metele; yo desconfío de eso. Uruguay
es muy cortoplacista y paga las consecuencias. Hay
que hacer un clic mental porque el cortoplacismo
nos mata. El argentino que viene por dos años, planta soja, paga una renta
cara; es un mecanismo de desarrollo que crece de una manera brutal y no
conduce a mucha cosa. Lo otro que me parece y a lo que aspiro, y no cuesta
nada, es a los cambios culturales. Vanguardia en terminar con la discriminación Yo
me molesté cuando Bayardi usó el término
“maricón” y me parece que Uruguay tiene una oportunidad muy
grande de ser vanguardia en terminar con la discriminación a los
homosexuales. Si hay un lei-motiv
que debería tener este gobierno es la promoción a la diversidad y el concepto
es válido a cualquier nivel, a nivel biológico y a nivel cultural, y ahí
deberíamos ser vanguardia como generación. Uruguay es un país enfermo de pacatería y de inercia. “Como siempre estuvo
prohibido…” ¿Cuál es la diferencia entre discriminar a un homosexual
y discriminar a un negro? Ninguna. Sólo que en el discurso es mucho más fácil
hablar a favor de los negros porque se es visiblemente blanco; si uno dice
que hay que defender a los homosexuales… incluso queda bajo sospecha.
No tiene más sentido que discriminar a alguien que escribe con la mano
izquierda o no le gusta el asado. El desafío que deberíamos tener es hacer
del Uruguay un país interesante para los que son generación 83 del resto del
mundo. En cierta manera, una etapa previa a una utopía posterior –que
no sé cuál sería- sería ser algo parecido a una Ámsterdam del sur. Conocer
Ámsterdam me impactó no sólo porque me podía fumar un porro sin ser molestado
sino porque todo el mundo era básicamente una persona culta, amable, el más
rico iba en la misma bicicleta que el más pobre, el orgullo de la ciudad era
tener los mejores museos, las mejores fiestas, la mejor cultura, los mejores
recitales. Es un país fuerte, hace las mejores semillas del mundo, hacen los
mejores quesos, son más parecidos a Uruguay que Suiza, modelo que no me gusta
tanto. ¿Qué nos impide a nosotros terminar ya con todas las discriminaciones?
¿Qué nos impide terminar ya con las discriminaciones entre aquel que en vez
de fumar tabaco quiere fumar cannabis? ¿Cuál es el
criterio por el cual no nos animamos a tomar esa medida? Es una discusión que
no se da con la fuerza que se debería dar. Sé que estas cosas no se dan de un
día para otro; a veces plantearlas antes de tiempo produce el efecto
contrario pero dentro de esa estrategia tiene que estar que aumentemos los
grados de libertad y que el Estado deje de tratarnos como bebes de 5 años,
que nos dice “el tabaco sí” -aunque es más cancerígeno, más
adictivo y todo es peor- pero esto otro no porque capaz que pensás cosas raras. Basta con esa estupidez. Además, una
cosa que este gobierno no puede perder y se tiene que ganar es la mística de
los que están, como nosotros en aquel entonces, en primero de Facultad. Un
estudiante que está en primero de Facultad y que le dicen que no puede fumar
porque el gobierno no lo deja, le genera cero mística,
es simplemente ganarse la imagen de dinosaurio. En
el mismo sentido, la legalización del aborto tiene que ser otro tema a tomar;
hay que ver cuál sería la estrategia, capaz que no hay que plantearlo ya, no
sé, pero hay todo un set de cosas que apuntan a la
libertad personal en las cuales Uruguay tiene que hacer punta. Ayer leí en
Clarín que Tel Aviv apunta a ser la capital mundial
del turismo gay. Claro, para ir a hacer turismo a Israel hay que ser
valiente. ¿Por qué Montevideo no puede ser eso? ¿Cuál es la razón de fondo?
El 28 de junio Tel Aviv va a hacer terrible fiesta
promovida por la municipalidad para promoverse turísticamente;
eso es actuar con inteligencia, básicamente, además de que hay un equis por
ciento de la población uruguaya que sufre una discriminación que no tiene el
más mínimo sentido, y debería rebelársenos como una injusticia absurda de lo
que cada uno hace con su vida íntima. La basura orgánica e inorgánica Otras
cosas que no me enamoran es que hace 15 años que tenemos una intendencia de
izquierda y todavía no logramos separar la basura orgánica de la inorgánica.
¿Cómo es tan lento? Vuelvo a estos temas chicos que hacen en conjunto a una
imagen de país inteligente. Yo hice Agronomía, y sobre agricultura orgánica
pasé la carrera y no existió, y era la Universidad de la República,
democrática. ¿En el ministerio de Ganadería, no hay un poquito de plata para
esto? Con 200 mil dólares haríamos maravillas. ¿Por qué nadie ni siquiera lo
menciona como un posible objetivo? No es que crea que la agricultura orgánica
nos va a salvar, pero ¿no hay una caja chica para eso? ¿Cómo nos gustaría que
nos vieran? Como un país inteligente. Bueno, un país inteligente del tercer
mundo, que está combatiendo la pobreza, con un plazo delimitado, que apuesta
a ser distinto, el más limpio, el más natural, que además asuma el objetivo
ambicioso de no seguir los errores que ya se cometieron, que no piense que
nos vamos a desarrollar matando al Río Uruguay porque es el precio que hay
que pagar. No quiero con esto reavivar discusiones pero nos animamos a
apostar a un país culto donde no se discrimina a la gente por pavadas, donde
se combate seriamente a la pobreza y donde se apunta a la diversidad cultural
y a la diversidad biológica. Ahora es más difícil estar en contra Yo
quisiera ver señales más firmes al respecto. A lo que le tengo mucho miedo
es, y con esto termino, a que perdamos la libertad de criticar con la misma
pasión con la que criticamos las mismas cosas que nos parecían mal, cuando
estábamos en primer año de facultad. Yo no tengo el conocimiento técnico para
saber si Botnia sí o Botnia
no, lo que me preocupa es lo que pasa cuando uno dice que está en contra, y
ahora es más difícil estar en contra. Estaba en contra hace un año pero ahora
es más difícil y eso me parece una señal preocupante porque me parece que es
algo que no se debería perder que es la capacidad de decir que me encanta que
haya ganado la izquierda pero me sigue pareciendo mal una zona franca para
una multinacional para hacer 100 mil hectáreas de eucaliptus.
Me sigue pareciendo mal, pero si se pierde la libertad de discrepar con
frescura, con esa vehemencia que teníamos en el año 83, me parece que ahí
empezamos a envejecer; creo que hay que envejecer en canas pero deberíamos
mantener esa referencia de cómo y con qué alegría criticábamos en el 83. |
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Fernando Lorenzo La idea que me sugirieron los
compañeros para esta intervención es que abordara temas que estuvieran
relativamente apartados de la materia en que trabajo todos los días. En
atención de dicha sugerencia, elegí compartir con ustedes un conjunto de
reflexiones personales sobre lo que ha sido el trabajo hasta el presente en
el Ministerio de Economía y Finanzas y cuáles han sido los puntos con los que
nos sentimos satisfechos. Pero también me referiré a otros temas que tenemos
enfrente y que deberemos resolverlos bien, en la medida en que serán
decisivos para evaluar qué tan favorable han marchado las cosas, cuando
miremos la realidad desde una perspectiva más larga. Tengan en cuenta que
ocho meses es poco tiempo, sobre todo para alguien que no se había hecho a la
idea que iba a estar ocupando las responsabilidades que hoy me toca ocupar. Tomar decisiones por otros Varios compañeros que están hoy
en el gobierno tienen una vida que ha estado deliberadamente orientada a
ocupar responsabilidades públicas. A otros, como es mi caso, nos está
costando bastante esto de tomar decisiones que involucran tantos y tan
diversos intereses. A mí, la asunción de responsabilidades de gobierno me
pegó más de costado, por lo tanto las reflexiones que voy a compartir con
ustedes son de alguien que no se había preparado para tomar decisiones por
otros. Esta es una dimensión especialmente fuerte en lo personal, y les
confieso que provoca un poco de angustia. Yo no me había hecho a la idea de
que iba a tener que tomar tantas decisiones por otros; algunas de escasa
importancia, otras verdaderamente relevantes. Lo cierto es que en esta
actividad, estás permanentemente tomando decisiones que afectan a muchos, y
eso verdaderamente tensiona. ¿Qué fue para mí lo más importante?
Lo primero es que no estando debidamente preparado para asumir las nuevas
responsabilidades, debí adaptarme rápidamente. Cuando te ves forzado a
“ponerte las pilas”, lo primero que buscás
es tener una agenda, un listado de ideas y objetivos que ordenen, que sirvan
para priorizar acciones y evitar la dispersión de esfuerzos. Afortunadamente,
en nuestro caso, antes de llegar al gobierno, teníamos una agenda bastante
definida y eso nos ayudó muchísimo, en particular en los momentos iniciales.
Una agenda no contiene un largo listado de lo que hay que hacer en el día a
día y no tiene por qué cubrir los cinco años del período de gobierno. Lo
importante es que la agenda oriente los primeros pasos de la acción
gubernamental, ordenando las tareas de los tiempos, o sea de los tiempos en
que lógicamente dominaba el “miedo escénico”, inherente a la
novedad de desempeñar roles que nunca habíamos tenido. A mí, en lo personal,
me ayudó el tener una agenda bastante precisa. Fue casi tan importante como
tener elaborado el programa de gobierno, que por cierto lo teníamos. Un equipo que compartía los mismos valores Un segundo elemento importante
para ordenar las primeras etapas de gobierno tiene que ver con las
experiencias que hicimos en enero y febrero con los organismos multilaterales
de crédito. Se trató de instancias valiosas e inéditas. Fue la primera vez
que se planteó que el gobierno electo se reuniera con los organismos
internacionales –el Banco Mundial, el BID y el FMI-. Fueron instancias
interesantes, porque nos hicieron compartir a nivel de todo el gobierno los
problemas y desafíos que enfrentaría la conducción económica. Para nosotros
estas instancias fueron claves. Otro punto importante fue llegar
a un lugar que no conocíamos con un equipo muy mentalizado y consciente de la
envergadura del desafío que teníamos por delante. La verdad es que llegamos
al Ministerio con un equipo que compartía valores y que estaba dispuesto a
“sudar la camiseta”. El armado de un equipo cohesionado permitió
que rápidamente adoptáramos códigos comunes y un clima de trabajo excelente.
Con muchos de los compañeros que forman parte del equipo nos conocíamos desde
la militancia estudiantil. La construcción de un buen ambiente de trabajo fue
un factor de éxito y debe ser ponderado adecuadamente a la hora de evaluar
los resultados de la gestión realizada por el equipo del MEF. Es probable que
el resultado alcanzado hasta el momento sea valorado críticamente por alguna
gente, pero nosotros nos sentimos satisfechos. Dificultades para la cooperación y nuevos clientes Hay algunos aspectos de la
gestión realizada, y que se pueden volver críticos en el futuro, que muestran
aristas un tanto problemáticas. El primero se relaciona con las
dificultades para cooperar entre instancias que están naturalmente
especializadas en áreas específicas del quehacer gubernamental. A pesar del
esfuerzo que realizamos a diario, es justo reconocer que es difícil cooperar.
Es difícil encontrar puntos de encuentro y comprensión mutua, que permitan
trabajar entre responsables que están abocados a atender problemáticas
absolutamente diferentes. Es justo reconocer que diseñar mecanismos
institucionales para cooperar es decididamente complicado, sobre todo cuando
los actores tienen agendas específicas importantes, cuyo procesamiento insume
esfuerzos que terminan conspirando contra las propias posibilidades de
cooperar. Este tema no está resuelto. Uno puede imputarle la responsabilidad
a la estructura institucional del Estado o a la herencia recibida. Pero la
verdad es que no disponemos hoy de mecanismos adecuados para generar
instancias de cooperación. Es cierto que hay excepciones, pero en cualquier
caso se trata de excepciones. La regla es que cada uno se ocupa esencialmente
de los temas que le son específicos y, cuando promovemos
instancias de encuentro para resolver problemas comunes, encontramos muchas
dificultades. El problema es que,
progresivamente, la agenda de reformas que tenemos por delante implica
cooperar entre gente que tiene distintos enfoques. Es preciso que resolvamos
el tema de manera satisfactoria en el menor tiempo posible. En caso contrario
nos va a costar mucho llevar adelante el enorme desafío de transformar todo
lo que debe ser cambiado en nuestro país. Cuanto más
ambiciosa sea la agenda, mucho mayores serán las exigencias de cooperación y
más necesidad tendremos de llevar adelante proyectos comunes. Hay honrosas
excepciones en las que se demuestran manifestaciones evidentes de los frutos
positivos que brinda la cooperación. Muchas de estas experiencias tienen su
fundamento en los lazos y vínculos personales, construidos en instancias de
militancia que hemos compartido con muchos de los que estamos hoy aquí
reunidos. Pero hay que superar esta realidad. No es posible que apelemos sólo
a este tipo de afinidades generacionales para lograr niveles adecuados de
cooperación. El segundo elemento tiene que ver
con las prácticas clientelísticas que las
anteriores administraciones instalaron en el ejercicio del poder. Estas
prácticas afectaron de manera negativa el funcionamiento del Estado y tiñeron
de intereses particulares a las políticas públicas. Hoy el gobierno está muy
atento en este plano y se ha logrado limitar de manera considerable las
desviaciones corporativistas implícitas en el clientelismo tradicional. Pero es necesario mantenerse alerta al
respecto, porque el gobierno tiene que evitar posibles “capturas”
por parte de intereses particulares.
El caso es que pueden aparecer nuevas amenazas clientelísticas,
derivadas de los intereses de diversos colectivos que se mueven en pos de sus
intereses específicos. Debemos tener cuidado de no generar otra clase de
“clientes”. Por cierto que algunos podrían argumentar que los
beneficiarios de las acciones serían bien diferentes y que se podrían atender
colectivos bien distintos de los privilegiados por los partidos
tradicionales, pero en cualquier caso hay que actuar con cuidado porque
pueden surgir tensiones entre lo que queríamos hacer y lo que terminamos
haciendo. Recordemos que en la práctica cotidiana nos relacionamos
continuamente con organizaciones representativas o con ciudadanos que tienen
demandas específicas, muchas veces justas, pero que ellos no son clientes de
las políticas públicas. Hay que tener cuidado porque pueden surgir colectivos
de nuestra sociedad que terminan capturando rentas que podrían tener mejores
beneficiarios desde el punto de vista de la equidad y de la noción de la
justicia social tal cual las concibe la izquierda política uruguaya. Tres desafíos para un gobierno
radicalmente reformista y transformador El último tema al que quisiera referirme tiene que ver con el
futuro, con lo que falta por hacer. Hoy nos encontramos “bien parados
en la cancha” y hemos ido perdiendo inexperiencia. En este contexto, se
nos plantea un problema relativamente urgente: un gobierno que aspira a
realizar reformas importantes tiene que resolver adecuadamente tres
cuestiones. La primera tiene relación con los requerimientos técnicos que tienen
muchas de las reformas pendientes. Algunas de las transformaciones más
importantes que están en nuestro programa de gobierno, y que nos hemos
comprometido a llevar adelante, requieren diseños técnicos relativamente
sofisticados, en la medida en que se aspira a superar problemas complejos que
padecen desde hace muchos años las estructuras institucionales y económicas
de nuestro país. En este plano, el principal obstáculo que debemos evitar es
que, dada la complejidad de los problemas a resolver, se ceda ante una
“deriva tecnocrática”. El camino a recorrer
en este sentido debe ser cuidadoso. Es necesario asumir que en las fases de
diseño de las reformas se plantean discusiones con actores, con técnicos, que
no tienen por qué entender acerca de lógicas y motivaciones políticas, pero
que dominan materias específicas sobre las que se quiere actuar. Hay que
apoyarse en la rigurosidad técnica, pero al mismo tiempo hay que velar por
los objetivos políticos que han servido de inspiración a nuestro programa de
reformas. Un segundo desafío tiene que ver con la permanencia de las reformas
que se lleven adelante y con el efectivo cumplimiento de las metas planteadas
al diseñarlas. Para que las reformas sean duraderas y para que tengan
posibilidades ciertas de éxito, deben ser sometidas al escrutinio público.
Los proyectos de reforma deben ser debatidos públicamente. Las instancias de
participación pueden ser muy diversas, pero no puede perderse de vista que la
permanencia de las reformas depende, en buena medida, del sustento social que
conciten. Hay que preocuparse por “blindar” las reformas de apoyo
ciudadano, y eso implica habilitar mecanismos de participación. No es posible
cumplir con este objetivo si no mostramos disposición a dar la batalla de
opinión pública de frente, defendiendo nuestros puntos de vista, pero
mostrando apertura para escuchar opiniones diferentes, para entender
oposiciones y para enfrentar con argumentos sólidos las críticas y
observaciones que nuestros proyectos pueden merecer. Finalmente, necesitamos mantener y alimentar la reflexión política
propiamente dicha. En caso contrario podemos cometer errores y hasta se puede
perder el rumbo en lo que refiere a los objetivos políticos perseguidos. No
es sano que, cuando se está en el gobierno, las orientaciones políticas se
definen exclusivamente de acuerdo a la lógica de gobierno. |
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Hoenir Sarthou La idea que planteó Fernando
Lorenzo sobre debatir reformas, me parece fantástica. Yo no me siento
capacitado para juzgar la reforma tributaria, pero está bárbaro que se haya
largado así a la opinión pública para que todos podamos hacernos una idea de
lo que es y podamos aportar. Yo voy a dar la visión desde
el lado de afuera del gobierno, escucho hablar a la gente que tiene
responsabilidades en el gobierno y me conmueven, los admiro. Yo, felizmente,
no tengo esa carga. Mirado desde el otro lado del
mostrador este gobierno tiene una situación que se podría definir como
“el sueño del pibe”. Es un gobierno que prácticamente no tiene
oposición. Resulta que tiene mayoría parlamentaria en las dos cámaras, tiene
a los partidos adversarios desarticulados en una debacle como prácticamente
nunca en su historia. Cuenta con que las dirigencias
sindicales, por lo menos en teoría y en su mayor parte, son simpatizantes o
adherentes, no son enemigos políticos del gobierno. Las estructuras políticas del
propio Frente Amplio y los propios partidos que lo integran le han dado una
preeminencia a la función de gobierno muy marcada, lo que significa que los
cargos de gobierno tienen manos libres en muchos aspectos para actuar. Todo este panorama que parece
fantástico desde el punto de vista del que tiene que gobernar tiene, paradojalmente, una contrapartida, pensándolo desde el
punto de vista de una concepción democrática que de alguna manera es el tema
que estaba propuesto para este encuentro. Un parlamento casi sin debate
y empobrecido Tomando como ejemplo al
parlamento, que tiene mayoría del gobierno en ambas cámaras, es un parlamento
prácticamente sin debate, lo cual para una democracia es un poco complicado. Además es un parlamento
empobrecido porque las principales figuras, aquellas de las que se esperaría
un debate político, opiniones contrastantes, aquel consejo o aquella parada
de manos que dice “esto no lo voto” no están. Las personas que
están en el parlamento, que son muy respetables y muchos de ellos son
compañeros valiosos, no tienen el relieve político que les permitiría hacer
una parada de carro en determinado momento, o meter pechera y sacar adelante
algo que haya que sacar. Yo noto que se está a la
espera de las iniciativas del gobierno y luego se opera como una instancia de
legitimación de las políticas del Poder Ejecutivo. Esta es una situación
bastante inédita en el Uruguay. El Partido Colorado y el
Partido Nacional están a la espera de las contradicciones en que pueda
incurrir el gobierno, pero no tienen un discurso para contraponer a la
política oficial. Los sindicatos y la defensa de
sus intereses corporativos En ese panorama estoy pensando
el tema de los sindicatos. Resulta que son dirigidos por gente que simpatiza
con el gobierno y con lo que el gobierno significa. Creo que esto está
produciendo un fenómeno rarísimo que es que sectores sociales que toda la
vida operaron como propositores, como fuerzas que
hacían propuestas hacia una sociedad distinta (me refiero básicamente al
movimiento sindical, pero hay otras organizaciones también), en este momento
creo que se han descargado de ese problema y se han concentrado en defender
sus intereses corporativos, es decir que ya no tienen que proponer una
sociedad mejor y más justa. Están peleando por su salario y sus cuotas de
poder. Pueden existir discrepancias
en este sentido. Hoy en las áreas que puedo ver, cada uno sacó sus facturas y
están tratando de cobrarlas ahora que hay un gobierno favorable. El "complejo de
Dios" Esta realidad de un gobierno
sin oposición corre el riesgo de generar una mentalidad en los gobernantes y
en quienes simpatizamos con el gobierno que es algo así como “el
complejo de Dios”. No hay nadie que se oponga, puedo hacer lo que me
parezca, estoy obligado a hacer además, porque no puedo decir que me
obstruyen o me frenan. Este complejo de Dios tiene
dos caras. Una es el riesgo de una cuota de soberbia, felizmente no estoy
personalizando en nadie sino pensando potencialmente en una situación en que
no hay una fuerza capaz de trancarme y esto me lleva a sentir que soy
poderoso. Por otro lado la responsabilidad
puede llegar a ser abrumadora y a provocar parálisis, que es el otro riesgo
que entiendo existe. Creo que de cualquier manera este panorama está llevando
fundamentalmente a una especie de aislamiento y de falta de comunicación. Mirado desde la perspectiva de
quien está en el llano creo que este es uno de los problemas principales. Creo que hay proyectos e
iniciativas desde el gobierno que no se comunican adecuadamente; la gente no
los conoce. Hago la salvedad de la reforma tributaria que es excelente que se
someta a la crítica. Pero creo que está faltando
diálogo, está faltando participación y está faltando algo que Pepe Serrentino
había planteado mucho antes de que se ganaran las elecciones que es la
capacidad de enamorar, la capacidad de conquistar a la gente o conquistarnos
a nosotros con un proyecto que nos entusiasme. Quiero decir que esta
situación que vive el gobierno es una situación contra natura. Por una ley
dialéctica es imposible que una organización, cualquier cosa en el mundo, no
tenga oposición, no genere su opuesto. La izquierda como interlocutor
de la propia izquierda La gran pregunta que yo me
hago, viviendo un tiempo histórico en el que vamos a presenciar cosas que van
a quedar registradas, sin precedentes, me pregunto quién va a ser el
interlocutor del gobierno. Está visto que, de momento,
los partidos políticos no lo son. Habría distintas posibilidades, pero los
partidos políticos opositores no logran articular un discurso que mueva. Ojo, hay opositores
silenciosos. Casi la mitad de la población se opuso a que el FA fuera
gobierno, sólo que están callados y no tienen voceros que logren animarlos. Me pregunto si el rol de
interlocutor de la izquierda no debe cumplirlo la propia izquierda, si no
deberá surgir dentro del propio FA una opinión discrepante, de interlocutor. La otra alternativa es que esa
oposición surja de sectores radicalizados o con una visión de frontal choque
con el gobierno, que parecería ser lo que de alguna manera el poder judicial
está intentando con mucho esfuerzo lograr. Hacer que toda la gente joven con
una visión crítica, sienta que es reprimida. Me parece que este es un error. La respuesta que yo encuentro
más deseable es que ojalá la oposición pudiera ser la sociedad civil, ojalá
la oposición pudiera estar conformada por gente que, sin un objetivo político
partidario específico, fuera capaz de convertirse en un interlocutor
constructivo del gobierno. Yo sé que hay mucha gente acá
que está en actividades que tiene relación o que apuntan a ese tipo de cosas. Personalmente desearía que
fuera así porque pienso que las otras alternativas son o pueden ser más
peligrosas para un proyecto de futuro. Estoy muy contento de que nos
reunamos de nuevo y de poder ver caras de amigos. Muchas gracias. |
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Daniel Martínez Antes de empezar, quiero aclarar que en este ámbito me siento
“un colado”, porque en 1981 ya estaba recibido, aunque había
participado en la actividad gremial en lo que era el ProCei,
en la organización de los asados, en la génesis de la revista
“Integrando”, y escribiendo sus primeros editoriales. En el 83 participé con ustedes pero desde el movimiento sindical. Me
resultó muy interesante durante un tiempo recibir los debates de semana83,
porque considero que entre lo que fue la generación 83 y la creadora del PIT,
hubo un verdadero puente, algunos por proximidad de edad y porque habíamos
participado en la actividad clandestina gremial y estudiantil y porque hubo
un puente en una forma de hacer política y de ver, y no de estar contaminado
con una herencia. Sobre este tema quiero hablar porque creo que es el desafío
que tenemos, para no arrastrar aquellos errores en esta gestión de gobierno. Aquella generación del 83 y la generación con la que formamos el PIT
teníamos un enemigo común. Teníamos que derrotar a la dictadura. Si bien discutíamos sobre cosas sin importancia, y perdíamos el
tiempo con debates de corte sectario, teníamos un enemigo común y no
estábamos contaminados con algo que creo que, las fuerzas políticas a las que
pertenecíamos o los ideales a los que adheríamos, sí estaban contaminados. Soy un convencido de que el Uruguay es un país donde el
paternalismo, el verticalismo y el corporativismo atraviesan toda la
sociedad. En cierta forma la izquierda, por más que haya tenido un proyecto
de cambio, seguía tan enferma de paternalismo, autoritarismo y verticalismo. Algunos dimos el debate dentro de la fuerza política en la que estábamos,
llamando stalinismo a esa situación, pero en
definitiva es algo que atravesaba a toda la sociedad y que hacía que por más
que la izquierda tuviera un discurso de participación, en la práctica
reproducía métodos absolutamente corporativos, paternalistas, verticalistas, con líderes incuestionables, donde era muy
difícil enfrentárseles. La generación 83 La generación estudiantil del 83 y aquella generación de dirigentes
sindicales intentamos cambiar eso porque veníamos de una experiencia y una
práctica diferentes. Primero porque no estábamos contaminados y después
porque la lucha contra un enemigo común nos obligaba a resolver cosas
prácticas. Teníamos que movilizar o convencer a gente que no estaba para nada
ideologizada. Se dio un hecho muy concreto al momento de la apertura democrática,
sucedió que, en general, la mayor parte de nosotros perdimos o nos cansamos
de luchar frente a las estructuras tradicionales. Se dio un verdadero fenómeno de restauración en el cual, quienes
eran los dirigentes históricos ocuparon los lugares, y nosotros nos abrimos,
en mi caso en particular yo me cansé, y sentí en algún momento que las
utopías que me habían llevado a soportar 11 años de clandestinidad no tenían
nada que ver con lo que estaba viviendo. Mi proyecto de sociedad no tenía
nada que ver con algunas de las cosas que pasaban. Creo que en buena medida es el desafío que estamos heredando. A
veces siento, no soy un crítico del gobierno, participo del gobierno y creo
que hay que darle tiempo, pero en cierta medida creo que nos está faltando
capacidad para crear una hegemonía sobre bases diferentes. Proyecto político que enamore a la gente Creo que es fundamental tener un proyecto político que enamore a la
gente y que genere una hegemonía diferente, popular, y sobre todo
participativa. A veces siento que todos en el gobierno
seguimos actuando en base a paternalismos, apoyándonos en corporativismos y
nos falta la capacidad para generar estructuras que sean realmente
participativas. El segundo eje central que quiero plantear es que estamos
desconectados. Cada uno trabajando por su lado y muchas veces repitiendo y
respaldándonos en algunas cosas que a mí por lo menos me llevaron a alejarme
alrededor de 1991. Creo que crear nuevas hegemonías de diferente talante que las
tradicionales es el gran desafío, porque a la gente hay que convencerla de
que es posible un proyecto diferente y que no estamos repitiendo una forma de
gobernar que sólo es mejor de lo que existió siempre en este país. Creo que para transformar este país hay que crear canales donde la
gente pueda participar y discutir y aportar soluciones concretas, ser
tremendamente pragmático pero logrando dar soluciones que no sean mágicas,
sino pudiendo debatir y construir con la participación de la gente. Sin gurúes ni incuestionables Esta semana fuimos con Sendic a Bella
Unión, Salto y Paysandú, discutimos problemas concretos, y a mi me
impresiona, me carga las pilas. Lo mismo me sucede cuando voy a los talleres
u oficinas. Periódicamente tenemos contacto con la gente, son verdaderas
asambleas donde debatimos los problemas de la empresa. O cuando armamos los
talleres de plan estratégico y la gente discute y se siente partícipe y
constructora de lo que se está haciendo. En esas situaciones yo siento que
estoy haciendo algo diferente, más cerca de lo que tenemos que construir. Se discuten cosas concretas, soluciones a problemas, pero la gente
puede opinar y no siente que hay un gurú que le
está diciendo qué hay que hacer, no hay un incuestionable que marque el
camino para ir sólo por ese lado. Siento que tal vez una parte de nuestro gobierno enfoca para el otro
lado. Tal vez yo también esté equivocado y no me doy cuenta. Debato con la
gente y a veces de forma muy dura, porque me preguntan por qué no eché al
gerente que había sido carnero anti-obrero, y les
explico que queremos construir un Uruguay abierto para todos, brindando
lugares a todos aquellos que estén dispuestos a sacrificarse por un Uruguay
diferente y aportar al mismo. Quiero creer que existe una forma diferente de construir hegemonía y
gobierno. Por eso me siento partícipe de esta reunión y de muchas de las cosas
que he leído, porque existió una verdadera experiencia conjunta entre los que
construyeron la ASCEEP y los que construimos el PIT y creo que en cierta
forma todos nos dejamos perder frente a las viejas hegemonías, porque nos
deslumbramos con los que volvían, con las verdades iluminadas y aceptamos que
algunas cosas de la historia eran verdad, cuando yo creo que tal vez las propuestas
que nosotros teníamos (por no estar contaminados o porque la práctica nos
obligaba) pero eran más válidas que aquellas verdades de gente que yo respeto
y que quiero porque luchamos porque volvieran, pero que restauraron formas
que no eran las correctas y que no eran las que nosotros teníamos. El otro tema es la discusión dentro del gobierno teniendo un norte y
teniendo un proyecto. Falta de discusión estratégica colectiva A este gobierno le está faltando discusión estratégica, somos entes
individuales, de repente cada uno discute dentro de su esfera (nosotros en el
directorio de ANCAP tratamos de discutir estrategia y política) pero nos
falta discusión colectiva, salir del compartimento
estanco de cada uno. Con los presidentes de los entes generamos un espacio
donde elaboramos políticas comunes y coordinamos, para tener un espacio donde
discutir comúnmente. Aparte de esto estamos bastante aislados y cada uno de
nosotros se defiende por la suya. Cada uno cree que está acertando pero no hay una discusión colectiva
de estrategia, lo cual genera los choques, que debemos corregir. A mí no me
asusta. Llevamos 9 meses de gobierno. No tenemos experiencia. No nos
preparamos, algunos ni siquiera estábamos en la orgánica de nada, caímos ahí
de casualidad. Otros no tuvimos capacidad por las rivalidades internas dentro de la
fuerza política de generar espacios de debates reales para discutir en
profundidad estos temas. Hoy queda claro que hay que avanzar en una discusión de la
estrategia. Lo que nos queda en el debe Yo soy muy pragmático, quiero tener un norte y una coincidencia con
el gobierno, me parece fundamental resolver los problemas pero quiero saber
que estoy avanzando hacia algo. Previo a las elecciones nos reunimos con gente de la fundación Vivián Trías, estaba Elissalde,
gente del Proyecto Miramar, Fernández Galeano, y
nos proponíamos discutir para saber
que podríamos tener que aplicar políticas extremadamente pragmáticas y no
tener la certeza de que el camino tomado era el correcto, pero sí la certeza
de que por lo menos tratábamos de llegar a una utopía, a un objetivo común
aunque este demorara 500 años y sabiendo que este gobierno iba a ser
reformista. Los debe: Primero. ¿De qué modo construimos la hegemonía en base a un proyecto
nacional y popular que sustancialmente genere un cambio en la forma en que se
ha gobernado este país? Segundo. La necesidad de discutir estratégicamente y sobre todo
saber que le erraremos en el camino, que tendremos que rectificar, pero
sabiendo que estamos avanzando hacia algo. Todos los que estamos acá, de una forma u otra, peleamos en la calle
porque teníamos un ideal, una utopía. Yo insisto, soy pragmático, pero por lo
menos trato de cuestionarme todos los días para saber que sigo creyendo en
esa utopía. |
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Uruguay de las Ideas Futuro próximo o la
necesidad y posibilidad de inventar. Diego Gómez Uruguay de las Ideas y
Michael Hardt Mauricio Langón Memoria y Balance de una visita de Michael Hardt Mauricio Langón |
Pensar y Actuar En la
red G83 se incubó un proyecto cuyo objetivo era debatir ideas. El proyecto
maduró y recibió aportes de otras fuentes, y derivó en “Uruguay de las
ideas”, que ya organizó dos actividades removedoras:
la visita y conferencia en el Paraninfo de la Universidad del pensador
Michael Hardt (autor junto a Toni
Negri del libro “Imperio”) y del Primer
Certamen Nacional Juvenil de ideas innovadoras, “Tus ideas
valen”. Diego
Gómez y Mauricio Langon compartieron con Futuro
Imperfecto sus experiencias en esta iniciativa. |
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Diego Gómez Entre que el futuro no existe y que es imperfecto
no puede haber mucha diferencia. Podemos aceptar transitoriamente que el
futuro lleva el traje de lo inacabado. La imperfección del futuro es un virus que se nos
mete en la mordida de la fruta prohibida.
Gracias a dios, el pecado puede cambiar la vida
por venir y cambiar siempre es un pecado: la libertad tiene el precio del
exilio, que es una muerte. Venimos de ese asesinato: el pecado original lo es
por primero y porque nos originó. Nosotros, hijos del pecado que hemos sido
condenados a la imperfección, tenemos la libertad de desear un futuro
perfecto. Y la imposibilidad de alcanzarlo. Eso sí que es un castigo original. El deseo es, ciertamente, lo que nos queda. Pero
de esa miel no comen las hormigas. Ocupadas en cumplir su misión, el ordenado,
prolijo, perfecto hormiguero de los soldados y las trabajadoras es el
paradigma social de cualquier reina. Rey, presidente o patrón. Duro de matar, renace en cada generación de
poderosos. Aquí en la tierra, entre el Paraíso y el
Hormiguero, una multitud de individuos deseantes e imperfectos no terminamos
de acomodarnos. Estamos infectados. De deseo, rebeldía y pensamiento. Para los caídos o los expulsados, las redes han
sido una buena matriz. La multiplicidad de redes da cuenta de la
necesidad de participación y de la capacidad creadora. La conversación entre
redes es un nuevo y viejo desafío. Hoy es posible inventar. ¡Y es tan necesario! Vaya si lo es: escucharse, hablar, opinar,
pensar, desafiar, investigar, cambiar la realidad. Olvidar y aprender. Los vientos son propicios. Vivir es necesario, navegar es divino. Lo que se relata a continuación es un momento de
una iniciativa que se inició en Semana 83 y luego adquirió una insospechada y
transitoria forma llamada Uruguay de la
ideas (*) (*) Uruguay de las Ideas gestionó en 2005 la visita
de Michael Hardt y el Primer Certamen Nacional
Juvenil de ideas innovadoras, Tus ideas
valen. |
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Mauricio Langón “Uruguay
de las ideas” es una iniciativa que comenzó hace unos meses para promover
la ex-posición, circulación, discusión y coordinación de ideas en nuestro
país. Estamos convencidos de la importancia de ideas.
Retomamos en eso una larga tradición uruguaya de producción de pensamiento,
de reflexión y de uso público de la razón en que destacó el Dr. Carlos Vaz Ferreira; y, articulada con ella, la labor de trabajo
y reflexión sobre las corrientes y debates de ideas que caracterizaron y
orientaron a nuestro país, en que fue maestro el Dr. Arturo Ardao. Al pretender impulsar un vigoroso esfuerzo por
abrir debates públicos de ideas, en un momento en que pareciera que éstas han
caído en descrédito y no ocupan lugar destacado en la escena pública, no sólo
queremos reivindicar esa tradición, sino también insertar al Uruguay en el
mundo por el lado del pensamiento, y discutir las ideas del mundo en nuestro
país. En un momento en que la producción inmaterial, la
producción de ideas, se inserta en el modo de producción capitalista; en un
momento en que parece regir un “pensamiento único” y no parecen
quedar espacios para pensar desde fuera del sistema mundial, discutir el
valor de las ideas y discutir las ideas valiosas de la actualidad resulta fundamental. Dice
la presentación de nuestra página web:
“Un
país que se piensa es aterrador. Por eso abrimos hoy este espacio, lugar de libre
circulación de ideas, en red con el mundo, lugar de producción, ex-posición y
discusión franca, presentando este primer desafío del Uruguay de las ideas:
escuchar y discutir con este pensador norteamericano de ascendencia
siciliana, ingeniero innovador en la producción de energías alternativas,
profesor de literatura en la Universidad de Duke,
filósofo, militante en movimientos sociales, coautor junto a Negri de “Imperio” y “Multitud”,
quien ha lanzado ideas claves para pensar la realidad actual. (*) Presentación en el Paraninfo de la Universidad de la
República. |
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Memoria
y Balance de una visita de Michael Hardt
(Uruguay, 04-07/12/05) Mauricio Langón Link al Artículo
Completo |
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Informe: Informe
completo MVTOMA Opinión Eduardo Blasina Propuestas Ideas sueltas para pensar un
Uruguay eco inteligente Gustavo Ochoa Artículo
Completo Gustavo Ochoa |
"No
se encontraron impactos inadmisibles Estudio de la Dirección Nacional de Medio Ambiente sobre las plantas
de celulosa Cyro Croce fue uno de los técnicos uruguayos que realizó el
estudio de impacto ambiental de las plantas de celulosa del grupo Ence y de Botnia en Fray Bentos. Forma parte de la División Evaluación de
Impacto Ambiental (DEIA) de la Dirección Nacional de Medio Ambiente. Este informe es favorable a autorizar estas plantas y en él están
registrados los impactos que éstas tendrán sobre el agua, aire, suelo y medio
ambiente, así como recomendaciones concretas para disminuir al mínimo estos
impactos. En el estudio, Croce aclara que "la DEIA evita específicamente la
utilización del término 'contaminación' debido a la ambigüedad de su acepción
usual, y a que la precisión conceptual del término resulta insuficiente para
el trabajo de evaluación que se requiere". A su vez, tampoco señala
que estas plantas no tendrán ningún efecto, sino que los efectos se ubican
dentro parámetros recomendados y aceptados por organismos internacionales
competentes. Otra aclaración importante es que "la evaluación de la DEIA no considera aquellos aspectos sobre
los que no tiene competencia, como ser la solvencia económico-financiera de
los emprendatarios, el régimen fiscal y tributario
de los emprendimientos, las condiciones de seguridad e higiene laboral, o los
aspectos relacionados con la forestación pre-existente,
no inducida directamente por la operación de las plantas". Croce
escribió para Futuro Imperfecto un
texto que sintetiza el informe y actualiza la información (a noviembre de
2005). Algunos párrafos destacados del informe son los siguientes: "Particular mención merece la tecnología ECF[1] de
blanqueo de la pulpa de celulosa adoptada por ambas empresas, basada en la
utilización de dióxido de cloro como agente oxidante
principal, así denominada como contraposición a la tecnología históricamente
tradicional de blanqueo con cloro elemental (cloro gas) o hipoclorito de
sodio. A diferencia de estos últimos, el dióxido de cloro genera cantidades
muy inferiores de compuestos policlorados,
caracterizados por la baja hidrosolubilidad, baja biodisponibilidad, alta persistencia y toxicidad, como
por ejemplo las dioxinas y furanos”. "La tecnología de producción adoptada por ambas plantas está
señalada dentro de las Mejores Tecnologías Disponibles (Best
Available Techniques, BAT)[2]
establecidas por la Comunidad Europea (EC)". "El haber otorgado la Autorización Ambiental Previa (AAP) a los
emprendimientos industriales de Celulosas de Mbopicuá
y Botnia, significa que en el análisis de los
proyectos de ambas plantas de celulosa y estructuras asociadas no se
encontraron impactos residuales inadmisibles, en el entendido de que tanto
las emisiones como los parámetros de calidad de agua, aire y suelo (inmisión)
se encuentran dentro de los estándares de referencia adoptados (normativas o
propuestas nacionales cuando las hay, internacionales en su defecto), y los
impactos que se generen pueden ser prevenidos, mitigados o compensados si las
actividades se realizan según lo planteado en los correspondientes Estudios
de Impacto Ambiental (EsIA) y se toman los recaudos
establecidos como condiciones en las correspondientes AAP". |
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Ciro Croce |
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Eduardo Blasina Una utopía posible de Uruguay se apoya en cuatro pilares.
Valorizar lo más posible los productos de la tierra, proyectarse en la nueva
economía vinculada a Internet y captar un turismo inteligente en abundancia
son los tres basamentos económicos. El cuarto pilar refiere a sensibilidades
sociales: luchar inteligentemente contra la pobreza y expandir los derechos
humanos más allá de lo que lo han hecho los gobiernos anteriores. Dado que vivimos en un mundo
ávido por proteínas y escaso en energías fósiles la valorización de la
pradera debiera ser un objetivo central de Uruguay. Los ecosistemas uruguayos
son pastoriles, la carne y los lácteos son productos que tienen una fuerte
demanda a nivel mundial y tienen todavía un largo camino por crecer. El
primer mundo y los principales países asiáticos demandan con mucha fuerza
alimentos proteicos con bajos residuos químicos y logrados respetando el
bienestar de los animales, todo lo cual ya se hace en Uruguay. Además, claro
está, es lo que demandamos los uruguayos, ricos y pobres. Solo falta
potenciar el conocimiento que el mundo tiene acerca de lo que ya hacemos.
Muchas veces imaginados como “estancieros haraganes” los
productores ganaderos y lecheros de Uruguay están batiendo récords de productividad y ese dinamismo es visible desde
mediados de 2003 hasta el presente. Hasta ahora la investigación
nacional en los pastos y árboles que habitan nuestro territorio ha sido
mínima y esto es un tema crucial, no sólo a nivel económico. Es un tema
importante de soberanía. Por ahora vamos en el camino de sustituir nuestras
especies por otras, patentadas y demandantes de costosos paquetes
tecnológicos que incluyen alta fertilización y uso de herbicidas,
insecticidas, fungicidas y tantos otros productos, todos importados y
patentados. Se suele decir que el campo
natural es poco productivo y debe ser sustituido por especies de “alta
productividad”. Es que el campo natural requiere de nuestra
inteligencia para ser más productivo y hasta ahora quienes han investigado
estos temas han sido parias. “El
campo natural no tiene sponsors”, me dijo
resignada hace poco una investigadora en la materia radicada en Salto. Mujer,
del interior, investigadora de algo que no demanda agroquímicos, una triple
discriminación. El desarrollo del Uruguay
productor de proteínas demandará de la nueva economía. Los animales deberían
ya estar llevando un chip con la información llamada “trazabilidad”. Además, ese país tiene un enorme
potencial agroturístico. Es creciente la corriente
de europeos que se maravilla de encontrar un rincón del mundo donde los niños
se bañan en los arroyos sin peligro de quedar intoxicados. Cuando llegan
comentan entre sí asombrados la presencia de nidos en los árboles, además de
quedar encantados con encontrar una zona amplia que sea a la vez silvestre y
productiva. Si Uruguay se diferencia como un
país con altos niveles de producción orgánica, con bajo uso de esquemas
agrícolas agresivos, con comercios que ofrecen alimentos libres de transgénicos. Si
se hace conocer como un país libre y liberal en términos
culturales, rico en arte y cuidadoso de su patrimonio cultural y
biológico, y el mundo se entera, hay un camino firme por transitar. La
demanda está. En ese país soñado, que podríamos
llamar –usando un término que fue usado en la lista g83- el país ecointeligente ¿cuántas plantas de celulosa tienen lugar?
¿Una, dos, tres o más? No dispongo de esa información, ni creo que el Estado
uruguayo la disponga cabalmente. ¿Cuántas hectáreas de eucaliptus caben en ese Uruguay? Depende. Si esas
hectáreas están dispersas en la pradera, generando además de la madera,
sombra y cortinas al viento, la estrategia es interesante. Si de cada 1.000
hectáreas de pradera hay 50 de eucaliptus,
espaciadas entre sí, el impacto ambiental es mínimo o aun puede ser positivo.
La población de aves y algunos mamíferos puede aumentar y la ganadería se
beneficia de una generosa área de sombra. Sin embargo el desarrollo que ha
predominado hasta ahora es el masivo. De Tacuarembó al norte una sola empresa
estadounidense tiene más de 100.000 hectáreas de eucaliptus
y pinos. Además del impacto social que puede tener una superficie de esas
dimensiones en manos de una sola empresa, el problema biológico se multiplica
exponencialmente. Los jabalíes, por ejemplo, especie introducida que no tiene
enemigos naturales, se multiplican sin freno. Su población aumenta y
disminuye la de otras especies, ya que estos cerdos salvajes son omnívoros.
Los daños a la producción se incrementan sin –hasta el momento-
solución tecnológica posible. Es frecuente escuchar en el campo la aparición
de jabalíes “en zonas donde no se lo había visto”. Salen de los eucaliptus, invaden los montes naturales. Eso se agrega
al daño ambiental que se produce al sustituir una pradera que lleva millones
de años evolucionando en el lugar por una especie que sombrea el 100% del
suelo. Un área de decenas de miles de hectáreas a la que se extirpa su
población nativa genera muy probablemente la extinción de especies. Extinguir
una especie es comparable a prender fuego un libro muy antiguo, incendiando
hasta el último ejemplar. No sabremos cuanto perdimos en una era de
biotecnologías. Tal vez como no lo sabemos es que no suele importar. Todo
esto no va alejado de un impacto social que no aparece en los titulares pero
está: expulsión de población rural, desarraigo y aumento de los cinturones de
pobreza que rodean a las ciudades. Es comprensible que un gobierno
que recibe un país en ruinas, acosado por una deuda externa impagable, se vea
tentado o acorralado por el bajo precio de la necesidad. En este tema además el
gobierno ya ha resuelto y lo que cabe es desde la voz ciudadana reclamar que
el impacto sea lo menor posible. La actitud ciudadana que entiendo
más responsable es la de preguntarse: ¿nos estamos especializando en captar
las inversiones altamente contaminantes? Si se instalan por lo menos tres
industrias de este tipo ¿dejaremos un país mejor a las generaciones
siguientes? Ante la duda, que a mi entender el gobierno no ha logrado hasta
ahora despejar, lo que cabe es presionar fuertemente desde la sociedad civil
para que Uruguay se anime a tomar el camino del desarrollo limpio. Uruguay
tiene una gran oportunidad de diferenciarse como país ecointeligente,
pero da la impresión que se está tomando un camino de desarrollo mucho más
tradicional. Ser conocidos y reconocidos en el
mundo como un país productor de alimentos proteicos de alta calidad, con una
alta tasa de involucramiento en las nuevas
tecnologías, al que vale la pena visitar, es un desafío tal vez algo más
difícil pero sin dudas muchísimo más interesante que el del desarrollo
tradicional que nos proponen las grandes empresas del exterior, que además de
venir por el agua del río de los Pájaros Pintados, vienen por ofrecimientos
de zonas francas que –francamente- cuestan entender. Para que el desarrollo forestal
calce en una utopía de desarrollo limpio, las plantaciones deben cumplir
criterios de respeto de la diversidad biológica y los controles sobre las
emisiones deben ser efectivos y permanentes. Recién dentro de muchos años
sabremos cuál de los destinos alcanzaremos. El camino se bifurca hoy. |
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Ideas sueltas para pensar un
Uruguay eco inteligente Gustavo Ochoa En el correr de este 2005 se han realizado una serie de seminarios teniendo como eje las energías sustitutivas
del petróleo. Como en años anteriores, la audiencia eran ingenieros, gente
relacionada con Facultad de Ciencias y unos pocos empresarios. Muy pocos
economistas y poquísimos políticos o autoridades del gobierno. Mala señal
para un país con una matriz energética tan pésimamente volcada al petróleo
como la nuestra. Parece que aún estamos en pañales respecto a este tema vital
de la economía del país. ¿Cuál es la explicación? Probablemente haya que
buscarla en alguno de estos preconceptos: Las tecnologías alternativas aun son caras
respecto al petróleo. Las tecnologías alternativas son inestables y poco
confiables en cuanto al suministro. Las tecnologías alternativas todavía están en
desarrollo, no están maduras para su desarrollo comercial. Las tecnologías alternativas requieren elevadísimas inversiones de
dudosa amortización. En nuestro
país, al menos en este período en que la industria ha sufrido un
significativo deterioro, más del 40 % del consumo eléctrico es destinado a
los consumos familiares y de comercios pequeños (asimilables a domésticos).
Este es un campo donde se desarrollan muy bien las fuentes alternativas o
renovables y donde es muy factible la generación de electricidad domiciliaria. Mi opinión es que el tema de las tecnologías alternativas ya no es
más materia de especialistas en ingeniería, exclusivamente. Es tiempo de
economistas, de especialistas en desarrollo de mercados y principalmente, es
tiempo de hacer política. La primera definición debe ser el concepto de complementariedad. Es
correcto usar petróleo mientras sea más barato, pero debemos tener
alternativas por tanto, se trata de buscar energías complementarias y no
sustitutivas o alternativas. Mientras la dicotomía sea petróleo versus
renovables, el costo menor del petróleo y su facilidad de uso dominarán en
las decisiones, impidiendo las inversiones. La propuesta es la de integrar el
concepto de complementariedad. Debemos balancear nuestra matriz energética
asegurando el conocimiento y las inversiones necesarias para el momento en
que el precio se dispare definitivamente. No hacerlo es irresponsabilidad. Las energías llamadas
alternativas o renovables y los materiales térmicamente eficientes han tenido
un importante desarrollo en los últimos 25 años y podemos decir que en
algunos casos han llegado a su mayoría de edad, o sea, han dejado de ser
tecnologías experimentales para pasar a la etapa de elaboración de productos
comerciales, a precios razonables. Si navegamos por internet buscando
información sobre estos temas veremos que varias de estas tecnologías ya han
llegado a su madurez comercial. Los productos existentes ya se comercializan
en muchos países, pero no en Uruguay. En Uruguay recién estamos en la etapa
en que el Estado comienza a considerar estas tecnologías. En otro plano de las consideraciones, cabe analizar que tanto UTE
como ANCAP han dado pasos recientes para cambiar la matriz energética, pero
con un concepto centralizador, donde el Estado generará energía con nuevas
tecnologías o creará nuevos combustibles y luego los venderá básicamente en
la misma forma que antes. Pero es posible plantearse otro escenario, otras
posibilidades a futuro. La extinción preanunciada del petróleo, sumado a la alerta pública
respecto a los impactos ambientales de su uso, desafían a la cultura del
capitalismo global como pocas otras cosas. Amenazas, oportunidades y desafíos
a la creatividad en varios campos: al modelo de consumo exponencial se le
contrapone la austeridad del recurso escaso, al modelo industrializador
- expoliador a ultranza se le antepone el modelo de desarrollo sostenible.
Así como en la era del petróleo el modelo de la escuela y la fábrica
reunieron a los obreros y a sus hijos en torno a la institución de producción
de riqueza y a la de preservación del orden establecido, la generación de
energía y su distribución estuvieron también básicamente centralizados. Los
dueños de los medios de producción son también los dueños de los medios de
generación y distribución de la energía, sean estatales o privados. Pero es posible imaginar otros escenarios
futuros. Aparece como una opción
interesante la de crear una nueva empresa estatal que denominaremos por el
momento, ANEC, Administración Nacional de Energías Complementarias. La obtención de energía a base de recursos renovables plantea una
posibilidad de cambio en la dialéctica de la centralización-dispersión. En la
misma línea de posibilidades teóricas que plantea la llegada de internet, del teletrabajo, de
la educación a distancia y demás, las tecnologías disponibles, habiendo
llegado a su madurez, permiten el desarrollo de la generación distribuida y
por tanto, la factibilidad teórica de que cada hogar produzca la energía que
necesita para su subsistencia e incluso que genere esporádicamente un
excedente que pueda comercializar hacia la red, para que sea usado por los
grandes consumidores. En esta nueva era energética el óptimo económico
se obtendrá en el correcto uso de varias tecnologías a la vez. La informática
ayudará a superar este desafío a precios razonables. ANCAP
también tiene un papel a jugar en la economía del hidrógeno. Podría
constituirse en proveedor de este combustible. Pero para el período de transición en el que ya hemos
entrado, mientras el precio del petróleo oscila para luego subir lenta pero
tenazmente y los costos de las renovables se van haciendo competitivos, el
concepto será el de energías complementarias. En la medida que comencemos a tomar decisiones acordes a nuestra
capacidad de inversión, iremos cada día aumentando la participación de las
renovables en la matriz energética, liberando fondos actualmente dedicados a
la compra del petróleo. Para poder generar un Kw. de energía térmica, debemos
comprar la central térmica completa. De igual forma, para generar energía
hidráulica debemos primero hacer el embalse (o aprovechar un embalse
existente) mientras que para generar el mismo Kw. con energía eólica o solar,
basados en el concepto de complementariedad, alcanza con comprar un
aerogenerador pequeño o un panel, al que luego agregaremos más. Si bien el
costo de generación individual puede ser más caro, dependiendo del período de
amortización definido, para tener el primer Kw
térmico debemos hacer toda la inversión, mientras que se puede ir creciendo
en forma modular, en la capacidad de generación eólica o solar, con
inversiones acordes a las posibilidades. Por cierto, la energía que se
obtiene por estas tecnologías no será firme, o sea, necesitamos el concepto de
complementariedad para asegurar el suministro constante de energía. Se
requiere seguir conectados a la red local o contar con baterías. Lo
interesante es que la mayoría de las casas cuenta con tanques de agua para
evitar el corte súbito de suministro, pero existe resistencia a pensar en
almacenar electricidad, esto también puede sufrir cambios en el siglo XXI. Por último, ¿con qué estructura del Estado puede Uruguay enfrentar
estos cambios? ¿Están UTE y ANCAP, tal cual las conocemos, aptas para
administrar estos cambios? |
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