N° 0 / Junio 2004

 

Aproximación y Construcción

 

¿Es posible conocer el futuro?

 

Carlos Pacheco

 

 

Dicen algunos que Uruguay está donde está porque fue tomado por sorpresa en varios frentes. Las sorpresas fueron la crisis económica regional, el virus de la aftosa que cruzó el Río Uruguay, los ríos que se inundaron en el norte, los argentinos que hicieron caravana para retirar los dólares, y el Grupo Peirano y otros banqueros que vaciaron los bancos.

El argumento es que lo sucedido fue fruto de la desgracia y no de la imprevisión; es culpa de los otros y no nuestra.

Pero no es así. El futuro se puede conocer. Existen dos herramientas para hacerlo: el análisis de las tendencias que se perfilan y la construcción de una visión de futuro a crear. Una es para conocer el futuro posible y la otra para conocer el deseado. En realidad son dos herramientas en una, que interactúan entre sí y que deben usarse en forma conjunta.

 

 


“Deberíamos introducir en nuestro pensamiento la idea de aproximación”

 

 

 


Aproximación al futuro. Se sabe que el capitalismo tiene ciclos, que no se mueve siempre hacia arriba o hacia abajo, sino que avanza en ondas, con subidas y bajadas. Está estudiado que Uruguay ha sufrido cada 20 años una crisis económica (y la última fue en 1983). Se sabía, a comienzos del 2000, del problema de la aftosa en Argentina. A lo largo del siglo se habían producido varias inundaciones de ríos, y se sabía que podía ocurrir en cualquier momento. Se sabe que los mercados financieros son inestables y que el dinero hoy depositado, mañana puede ser retirado. Se sabe que el Grupo Peirano ya lo hizo antes.

Lo que sucedió pudo haberse anticipado. Muchas consecuencias negativas pudieron evitarse o amortiguarse. La tensión sobre el cuerpo social y la estructura económica fue excesiva. Se sobrepasó la elasticidad máxima y se llegó a un punto de fractura. El crack de agosto del 2002 es consecuencia de años y décadas de improvisación.

Alvin Toffler en el libro “El shock del futuro”(1970) le asigna un papel clave a la aproximación al futuro. Cita a William F. Ogburn, que dice: “Deberíamos introducir en nuestro pensamiento la idea de aproximación, es decir, de que hay varios grados de exactitud y de inexactitud de cálculo. Tener una vaga idea de lo que nos espera es mejor que no tener ninguna y, en muchos casos, la exactitud extrema es completamente innecesaria”. Luego agrega el propio Toffler: “Por consiguiente, no somos tan incapaces de manejar las probabilidades futuras como cree la mayoría de la gente”.

De aquí surgen algunas ideas relevantes: no es posible predecir el futuro en forma exacta, pero sí aproximada, lo que es mejor que no tener ninguna.

 

 

 


“Debemos preferir a quienes se equivocan porqué hacen cosas, que a los perspicaces y sutiles expertos en encontrarle errores a los demás”

 

 


El futuro se construye en el presente.  Hay negligencias u omisiones concretas cometidas en los últimos años, pero el problema uruguayo tiene una profundidad histórica de más de cincuenta años. Con el agotamiento del modelo agroexportador al fin de la Segunda Guerra Mundial, Uruguay adopta el modelo de sustitución de importaciones que dura apenas una década. A partir de allí, Uruguay ingresa en “una crisis no abrupta, sino lenta y pertinaz como la decrepitud”, según decía, en 1967, Alberto Methol Ferré en su libro “El Uruguay como problema”. “Pareciera que el país asistiera apático a su propio desmenuzamiento, como una vieja familia en desgracia, y que se abandonara inerme al peligro más grande que le acecha desde los tiempos de la Triple Alianza”.

Uruguay no ha tenido en cincuenta años, ni tiene ahora, un proyecto nacional para los próximos diez, veinte o veinticinco años. Un proyecto que trascienda la duración de un período electoral y que no dependa de que un partido u otro acceda al poder.

Para construir el futuro, primero hay que soñarlo. Se debe desarrollar una visión de largo plazo, y trazar metas de corto y mediano plazo que operen como mojones durante el camino. De lo contrario, se seguirá a la deriva, intentando “remendar” el presente, disputando bienes escasos en una economía pobre y vieja, reaccionando con “sorpresa” ante hechos que vienen desde afuera y procurando adivinar que van a hacer los demás para luego actuar nosotros.

 

Imperfección. Construir un futuro mejor es construir un futuro imperfecto. Lo cual no es hacerlo mal, sino porque la perfección destruye los matices, la diversidad, la idea de superación.

Convivir con las ideas de aproximación y de construcción a largo plazo, exige una nueva actitud: buscar lo mejor y no lo perfecto; apostar a mucha gente que trabaje y no a héroes salvadores; y preferir a quienes se equivocan porqué hacen cosas, que a los perspicaces y sutiles expertos en encontrarle errores a los demás.

Nos espera un maravilloso futuro imperfecto. Hay quienes creen que comenzará a construirse a partir de marzo del 2005. ¿Y si empezamos hoy?

 

 

Carlos Pacheco

Periodista. Hoy es editor jefe de una empresa de e-learning.

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