N° 1 / Agosto 2004
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Dinamismo económico ypérdida de diversidad Las
dos caras de la revolución sojera Eduardo
Blasina Trabajando así la
soja, en tres años sus arroyos estarán muertos. Productor argentino (Soriano, 2004) Estamos
transformando los hábitats de nuestros compañeros en Gaia con monocultivos
agrícolas que utilizan combustibles fósiles. Lo hacemos más deprisa del
tiempo que tenemos para pensar acerca de las consecuencias. James
Lovelock, Las Edades de Gaia, pag. 189 (Tusquets, 1993) La
agricultura es una actividad empresarial sacrificada y riesgosa. El trabajo
de todo el año se puede perder por un par de semanas de clima adverso.
Además, la política de persistente atraso cambiario que sufrió Uruguay
durante la década de los noventa y hasta 2002, dejó a la agricultura uruguaya
al borde del colapso. Los memoriosos recordarán al presidente de los
cultivadores de arroz, Hugo Manini Ríos, militando codo a codo con el Pit-Cnt
por un cambio de política económica. El fenómeno es impulsado desde la demanda por el insaciable
apetito de los chinos por carne de cerdo, pollo y vacunos que son alimentados
con raciones elaboradas fundamentalmente con harina de soja. Para
muchos agricultores, la llegada de la soja fue un salvavidas oportuno, que
permitió emerger de la asfixia económica y el endeudamiento. En los últimos
dos años ha permitido además un salto en las exportaciones uruguayas y un
cambio palpable en la situación económica de la clase media del litoral oeste
uruguayo, desde Young hasta Colonia Valdense. Siembra directa
y transgénicos
La
expansión se basa en un cambio tecnológico fundamental: la irrupción de la
siembra directa junto a los materiales transgénicos “RR” es decir resistentes
al Round Up, el herbicida de la empresa Monsanto que baña las tierras
latinoamericanas desde los cocales de Colombia hasta la Patagonia. Esta
tecnología ha permitido un combate muy eficiente a las plantas competidoras
de los granos, principalmente a la gramilla que vemos con simpatía en los
jardines, pero que fue hasta hace pocos años una pesadilla para los
agricultores. En términos de biodiversidad y polución, los efectos son
alarmantes. El uso de insecticidas es masivo y frecuentemente realizado por
aviones que fumigan tanto la soja como las zonas circundantes. En
cuatro años entonces, el área sojera pasó de 10.000 hectáreas a 240.000
debido a un cambio en la forma de producir que redujo costos y simplificó el
cultivo. El fenómeno es impulsado desde la demanda por el insaciable apetito
de los chinos por carne de cerdo, pollo y vacunos que son alimentados con
raciones elaboradas fundamentalmente con harina de soja. Si
al resultado en términos de “producto bruto” le agregamos los efectos
sociales y ambientales, la revolución sojera es por lo menos ambigua. En
efecto, la tecnología de siembra directa tiene una gran ventaja respecto al
uso de arados ya que preserva la estructura del suelo. En ese sentido es más
protectora de procesos que tienen 10.000 años de construcción y que se
pierden al romper el suelo con graves riesgos de erosión. Sin embargo, se
trata de un cultivo altamente extractivo de nutrientes y la siembra directa
per se no garantiza la ausencia de erosión. En
términos de biodiversidad y polución, los efectos son alarmantes. El uso de
insecticidas es masivo y frecuentemente realizado por aviones que fumigan
tanto la soja como las zonas circundantes. El efecto sobre las aves y sobre
los peces, una vez que los químicos llegan a las aguas, es muy grave, tal
como advierten quienes vienen de las zonas sojeras argentinas. Quienes han
visitado las gigantescas plantaciones de Argentina y Brasil vuelven
asombrados por la uniformidad del color verde y el silencio sepulcral en las
plantaciones. La
pérdida de diversidad es genética, es de flora y fauna, pero también es
social. En Argentina las empresas de escala gigantesca han desplazado a otros
rubros y a los pequeños productores, causando una oleada inmigratoria del
campo a la ciudad que alimenta a los grupos piqueteros, que viven de la
limosna estatal que es recaudada de los propios impuestos que aplica
Argentina a las exportaciones sojeras, superiores al 20% del valor de la
producción. Y
aun así, la soja se abre camino en toda la región, incluyendo al Brasil de
Lula, donde la soja avanza sobre la Amazonia, ya ha terminado con 80% del
Mato Grosso y no muestra ningún síntoma de dar marcha atrás contando con el
beneplácito de la política agrícola del gobierno del PT, que le ha dado luz
verde a la aplicación de la tecnología de transgénicos. El crecimiento de la soja en Uruguay ha sido verdaderamente revolucionario y ha dinamizado una zona muy importante del litoral oeste. Ha sido tan veloz que, como Lovelock dice, no ha dejado tiempo a reflexionar sobre sus efectos de largo plazo. Eduardo Blasina Ingeniero agrónomo. Dirige Blasina &
Tardáguila Consultores Asociados, edita las publicaciones Conexión
Agropecuaria y World Beef Report y dirige el programa "Tiempo de
Cambio" en Radio Rural. Comentarios a vuelta de correo a: eblasina@adinet.com.uy |